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20 de Noviembre de 2017 - Nota vista 75 veces

DÍA DE LA SOBERANÍA NACIONAL

La batalla de vuelta de obligado y el federalismo

El 20 de noviembre de 1845 una flota de buques comerciales de Inglaterra y Francia, escoltados por varios navíos de guerra, remontaron el río Paraná. Su destino final era Asunción del Paraguay.

En la llamada Vuelta de Obligado, cerca de la ciudad bonaerense de San Pedro, donde el río es menos ancho, el gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, hizo tender una gruesa cadena para impedir el paso de las embarcaciones. Simultáneamente, una batería emplazada sobre las barrancas debía disparar sus cañones sobre la flota.

EL DOMINIO DE LOS RÍOS

El jefe de las tropas general Lucio Mansilla, cuñado de Rosas, arengó esa mañana a sus soldados; “¡Vedlos, camaradas, allí los tenéis! Considerad el tamaño del insulto que vienen haciendo a la soberanía de nuestra Patria, al navegar las aguas de un río que corre por el territorio de nuestra República, sin más título que la fuerza con que se creen poderosos”.

De allí se deduce que el motivo de la lucha era, en 1845, la libre navegación de un río “interior” de la República.

LA “LIBRE NAVEGACIÓN”

Pero, he aquí que, algunos años más tarde, en 1853, al dictarse la Constitución Nacional, el art. 26 -todavía vigente- establece “La navegación de los ríos interiores de la Nación es libre para todas las banderas, con sujeción únicamente a los reglamentos que dicte la autoridad nacional”

¿cómo se entiende que, en 1845, entabláramos cruenta batalla contra extranjeros que navegaban nuestros ríos y en 1853, declaráramos “libre a todas las banderas”, esta navegación?

PUERTOS Y ADUANAS PROVINCIALES

Para comprender esta aparente contradicción hay que ubicarse en el contexto de la época: en 1845 Argentina no tenía un Estado Nacional. El poder lo ejercían en cada una de las -entonces- catorce provincias caudillos-gobernadores.

Por lo común, jefes militares, dueños y señores de los territorios que mandaban. No había un Tesoro de la Nación: los recursos de cada Provincia provenían, principalmente de las aduanas que cada uno de los gobernadores establecía para el paso de mercaderías y personas de un territorio a otro.

Naturalmente que la más favorecida por este sistema arcaico, era la Provincia de Buenos Aires. El puerto, situado en la entrada del Río de la Plata, controlaba la entrada y salida de mercaderías, desde y hacia el interior, cobrando fuertes derechos de aduana por el paso de buques y bienes.

Había, por entonces, muy poca industria local, casi todos los productos elaborados venían de Europa. Al tener que pagar altos impuestos en la Aduana provincial de Buenos Aires, llegaban muy encarecidos al interior, casi tres o cuatro veces su valor.

LA “GUERRA COMERCIAL”

Esto no les convenía a los comerciantes ingleses y franceses. Que buscaban la posibilidad de vender directamente su mercadería en los puertos del interior: Rosario, Santa Fé, Paraná, Corrientes, Asunción.

Con ese motivo, mandaron una flota comercial a remontar el Paraná. Por las dudas que hubiere resistencia de los “nativos”, los barcos mercantes serían protegidos por naves de guerra, armados con poderosos cañones.

LA CADENA PROTECTORA

En defensa de los intereses de su Aduana, Juan Manuel de Rosas tendió una cadena sobre el río Paraná, a la altura de San Pedro.

Allí se entabló el combate de la Vuelta de Obligado, en que perecieron 250 argentinos, contra 26 de los atacantes.

La flota anglo-francesa destrozó las cadenas y continuó viaje sobre el Paraná, aunque permanentemente hostilizada desde las orillas.

LOS PUEBLOS DEL INTERIOR

La posibilidad de poder comerciar directamente con ingleses y franceses, y acceder al consumo de bienes que solamente disfrutaban las clases altas de Buenos Aires, motivó que las fuerzas invasoras fueran recibidas con algarabía en Corrientes.

Y aplaudidas por el gobierno y pueblo paraguayo.

Por fin, sentían los pueblos del interior, se rompía el monopolio asfixiante de la Aduana porteña.

ACUERDO CON EL ENEMIGO

No duró mucho: Inglaterra y Francia negociaron con el gobierno de Rosas. Y terminaron firmando un tratado por el que le reconocían de nuevo al gobierno porteño el derecho a controlar la entrada y salida del Río de la Plata.

En la oportunidad, el gobernador de Entre Ríos don Justo José de Urquiza, en el conflicto entre una potencia extranjera y una provincia Argentina, le brindó el máximo apoyo al dictador porteño.

 LA CONTRADICCIÓN SUBSISTE

Superada la crisis, se puso Urquiza al frente del reclamo de los pueblos del interior, especialmente del Litoral, buscando remover tan anómalo estado de cosas: la respuesta de don Juan Manuel fue prohibir la “extracción de metálico”, hacia Entre Ríos: esto es, por los productos entrerrianos, comerciantes ingleses y franceses pagarían en oro y plata en el puerto de Buenos Aires. Pero el gobierno de esta Provincia no mandaría “el metálico” a Entre Ríos, sino simples vales, o papel moneda, de escaso o nulo valor.

Fue la gota que rebalsó el vaso: bajo la jefatura del entrerriano se formó una alianza de todos los perjudicados, por distintos motivos por la política del gobierno porteño: Entre Ríos, Corrientes, el estado oriental; Paraguay , el Brasil.

De allí derivó el Pronunciamiento de Urquiza, la formación, junto a correntinos, orientales, emigrados porteños y la participación “auxiliar” de Brasil del Ejército Grande, la batalla de Caseros el 3 de Febrero de 1852, y el fin del gobierno de Rosas.

Como consecuencia, en la Constitución de 1853, se estableció, con claridad, que las Aduanas eran nacionales-administradas por el Estado Nacional y no el gobierno porteño- y que los buques de todas las banderas podían navegar los ríos y comerciar directamente en todos los puertos del interior, sin tener que pasar por las “horcas caudinas” del puerto y Aduana de Buenos Aires.

 Contundente triunfo del verdadero federalismo del interior.

 Después distorsionado por otras causas.

Pero esta es otra historia.

Bernardo SALDUNA

Asociación “Justo J. de Urquiza”

Concordia (E.R.)