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18 de Noviembre de 2017 - Nota vista 61 veces

EXPRESAR LO QUE SENTIMOS…

Cuantas veces tenemos la intención de generar o profundizar vínculos con personas de nuestro entorno, sean de la familia, amigos, colegas del trabajo, vecinos… pero van pasando los días y caemos en la inacción; comenzamos a postergar acciones, escondemos palabras y gestos de cariño, a la vez que priorizamos asuntos laborales, comerciales u otras actividades más superfluas, dejando para otro momento manifestar aquello especial que sentimos por esa persona querida.

Para ilustrar este tema, comenzamos con un cuento (autor anónimo).

Había una vez, una hormiguita muy trabajadora y servicial. Se la pasaba acarreando hojitas de día y de noche. Casi no tenía tiempo para descansar.

Un día, fue a buscar comida a un estanque alejado de su casa y se sorprendió viendo como un botón de lirio rojo se abría y de él surgía una hermosa flor.

Se acercó y le dijo: -¡Hola! ¿Sabes? Eres muy bonita. ¿Qué flor eres?

Ella contestó: -Soy un lirio. ¡Gracias! ¿Sabes? Eres muy simpático. ¿Qué bicho eres?

-Soy una hormiga. ¡Gracias, también!

Y así, la hormiguita y el lirio siguieron conversando todo el día con gran simpatía; se contaron sus vidas y se hicieron grandes amigos. Cuando iba a anochecer, la hormiga regresó a su casa, no sin antes prometer al lirio que volvería al día siguiente.

Mientras iba camino a su casa, descubrió que admiraba a su nuevo amigo, así que pensó: "Mañana le diré que me encanta su forma de ser".

El lirio, al quedarse solo, se dijo: "Mañana le diré a la hormiga que me encanta la amistad con ella".

Pero, al día siguiente, la hormiga se dio cuenta de que no había trabajado nada el día anterior. Así que decidió quedarse a trabajar diciéndose: "Mañana, "trataré de ir" a visitar al lirio. Hoy, no puedo, estoy demasiado ocupada. Mañana, le diré también que lo extraño."

Y así paso un día más y otro, y otro. El trabajo y las ocupaciones diarias le absorbían todo el tiempo. Hasta que esperó un domingo pero justo ese día amaneció lloviendo y la hormiga no pudo salir de su casa. Entonces, se dijo: "Qué mala suerte, hoy tampoco veré al lirio. Bueno, no importa, mañana "trataré de ir" y le diré todo lo especial que es para mí".

Y así al día siguiente, la hormiguita se despertó más temprano de lo habitual y se fue al estanque, pero al llegar, encontró al lirio en el suelo, ya sin vida. La lluvia y el viento habían destrozado su tallo. La hormiga, entonces, pensó: "¡Que tonta fui...!... Desperdicié demasiado tiempo, mi amigo se fue... sin saber todo lo que lo quería y lo importante que era para mi, en verdad, me arrepiento"…

Y así fue como ninguno nunca supo lo importante que era para el otro.

EXPRESAR LOS SENTIMIENTOS

Cuantas situaciones hermosas hemos perdido quedándonos en silencio, sin expresar aquello que nos hubiera gustado. Muchas veces nos cuesta exteriorizar o poner en palabras aquello que sentimos. Expresar nuestras emociones, demostrar afecto, decir, por ejemplo: "te amo", "gracias", "perdón", "que bella o que apuesto que estás", "que rico has cocinado hoy", "eres especial para mi", "te admiro", "te felicito",… es una habilidad comunicacional que se aprende desde la infancia; aunque sabemos que hemos crecido en una cultura donde ha dominado el paradigma de la razón, y la costumbre era callarse o tapar aquello que habita en el corazón, junto a la creencia de que "expresar" los sentimientos es para débiles y vulnerables.

Hoy, de adultos sabemos los innumerables beneficios que nos trae el poder expresar lo que sentimos sin tapujos, sin pretextos, sin prejuicios; y por eso, necesitamos entrenarnos para poder hacerlo auténticamente, en forma abierta y genuina, sin miedos, sin culpas, sin vergüenzas, exteriorizar sabiamente lo que nos agrada y lo que no, lo que nos hace bien y aquello que nos produce incomodidades o malestar. El hecho de reprimir lo que sentimos en lo profundo de nuestro corazón, nos provoca mucho daño interno y en nuestra salud, y por ende, repercute directamente en las relaciones.

Expresar aquello que nos gusta, lo que nos da miedo, aquello que nos genera alegría o tristeza, manifestar agradecimiento, reconocer a otra persona, decirle cuan especial es para nosotros, felicitar, pedir disculpas o decir un "te amo"… nos ayuda a liberarnos, a sentirnos bien, a compartir nuestros sentimientos y a generar vínculos más legítimos y profundos.

APRENDAMOS A COMUNCARNOS

Sabemos que el lenguaje es acción o inacción. La palabra es poderosa, es energía, es impulso para hacer o no hacer. Así como hablamos, luego actuamos. Por lo tanto, si decimos: "no puedo", "no me sale"… seguro nunca lo haremos; si decimos:. "trataré de hacerlo..." implica una postergación y difícilmente lo concretemos hoy.

Tengamos en cuenta que "tratar de hacer algo"... no es lo mismo que "hacerlo", no tiene la misma fuerza, ni la misma energía que decir: "lo hago"; por eso: "tratar de cuidar" no es lo mismo que "cuidar"; "tratar de abrazar", no es lo mismo que "abrazar" y "tratar de amar", no es lo mismo que decir "amar".

Y consideremos que, además de las palabras, podemos comunicarnos con gestos, con pequeñas acciones, con alguna sorpresa, con nuestra compañía en algún momento especial o con la escucha activa y atenta.

Y si alguna vez no encontramos las palabras adecuadas o no sabemos cómo expresarnos, recordemos que también podemos besar, abrazar, acariciar, sonreír, escuchar, tomar una mano… podemos demostrar lo que sentimos de miles y miles de maneras, y lo mejor de todo es que seguramente disfrutaremos haciéndolo.

Una buena comunicación es la antesala para una relación sana y próspera.

María Inés Francisconi

Desarrollo Humano

Abogada Mediadora

Coach Ontológico

Contacto: ine.francisconi@gmail.com