APPS de El Heraldo

Servicios

Actualidad

Secciones

Opinión

14 de Octubre de 2017 - Nota vista 166 veces

A las madres en su día... y siempre

Pensaba estos días qué decir a las mamás en su día. Leí poesías y escuché canciones que en su homenaje fueron hechas. Palabras de ternura, de gratitud y amor llenaban cada frase, y parecían hechas también para mi madre.

Seguía pensando, cuando de pronto, apareció ella, más sonriente que nunca. Parecía una maestra jardinera llevando de la mano a sus niñas, pero no, era una mamá del corazón, que desde hacía poco tiempo tenía la guarda de tres soles, que la rodeaban, se movían, hablaban y corrían a su alrededor. Y ella en el centro dando indicaciones, acomodándole el cabello a una, pidiendo a otra que se portara bien, abrazando a la que estaba apretadita junto a ella. Mi corazón y el de mi señora comenzaron a latir con más ganas y la alegría de esa mujer mamá nos cambió la tarde. Fue un regalo del atardecer y se lo comentamos. Nos habló de una felicidad que antes no había sentido, de una alegría más plena, de un milagro que hacía de su vida algo mucho más hermoso, con un sentido nuevo.

El milagro de la maternidad, así de repente y de a tres... la había transformado.

  Después de contarnos con entusiasmo su nueva experiencia, se fue caminando con sus tres hijas, sus tres soles y dándose vuelta hacia nosotros se despidió diciendo «es lo más grandioso que me ha pasado en la vida».

Ahora que lo escribo no puedo evitar emocionarme, tres nenas tienen a quien llamar cariñosamente «mamá» y una mujer siente que la palabra más hermosa que puede pronunciar un hijo entibia su alma.

No hace falta aclarar que todas son madres del corazón. Que aman, que acarician, que entregan todo de sí, sin esperar nada a cambio.

Cada día al despertar está pensando en sus hijos y luego de una jornada intensa, se va a descansar pensando en ellos. Muchas veces cuando se duerme, vuelve a encontrarse con sus hijos en un sueño. Es que el corazón de mamá sigue latiendo. Y si ya se fue a descansar pensando en ellos. Muchas veces cuando se duerme, vuelve a encontrarse con sus hijos en un sueño. Es que el corazón de mamá sigue latiendo. Y si ya se fue a descansar en los brazos de Dios, le pide «Cuida Señor a mis hijos».

Esa es una mamá, por eso el solo nombrarla nos emociona y hace que una lágrima indiscreta nos humedezca los ojos.

En este día a mi Mamá de 88 años, a la mamá de mis hijos, a cada mujer con corazón maternal, les digo ¡Gracias! por cada beso, por cada caricia, por cada palabra de aliento o de consuelo y por cada tristeza disimulada para que su hijo no sufra.

Gracias mamá y que vivas el más lindo de tus días, con el deseo de que se repita cada día de tu vida.


Pablo Sánchez