Opinión

24 de Junio de 2017 - Nota vista 729 veces

«El río volvió a la carga, volvió a gritarnos. Se nos muestra embravecido, enojado»

El río con el que compartimos encuentros, discusiones, planes, abrazos, besos, pronósticos alocados, dulces delirios, los goles del domingo con la radio a todo lo que da, tormentas, los gritos que no eran necesarios que le grites, la reparación...y el abrazo.

El río nos une y también  nos separa; pero siempre  nos llama, nos convoca. Siempre.

Dice Eduardo Galeano: «La caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respetuo mutuo».


Mujeres de la Asociación Civil «Madres del Che», madres de los estudiantes de la Escuela Secundaria Nº37 «Ernesto Che Guevara» del barrio Los Pájaros fueron, tal vez el mismo día que se reconoce como el del nacimiento del Comandante, a buscar esa solidaridad horizontal, mano a mano, en el más recóndito rancho de zinc, maderas y nylon a encontrar lo que la caridad no tiene: el respeto mutuo, el reconocerse con otras mujeres que tendrán menos que los destinatarios de la solidaridad efectiva.

Pidieron, buscaron, y se llenaron de solidaridad con los inundados, cuando el río amenazaba con llevarse puesta a media ciudad.


Entre el barrio Los Pájaros y Carretera La Cruz, extremo noroeste y sur de Concordia, median aproximadamente ocho kilómetros. Aunque quizás sea mayor la distancia entre el pensar y hacer de muchas personas que la distancia misma entre  los barrios más empobrecidos de la ciudad.


De un extremo a otro, a través de sombras, neblinas y el duro atardecer, un niño llora el hambre, una hermana mayor cuidará sus hermanitos y tendrá ganas de ir a la escuela, papá volverá de la cosecha, un barrio que alumbra esperanzas, la lluvia volverá a sonar en techos de cartón, una bella será mamá a los 15 y su novio no contesta los mensajes, un pibe soñará que tiene la tele, el DVD, la playstation, la compu, la net y la cafetera que no sabe bien por qué se llevó de un lugar que no es su casa, historias que de mínimas solo llevan el nombre. Historias que proyectan anhelos de estar mejor, de igualdad de oportunidades.


El río herido desborda, atropella, busca, desparrama...quiere saber.


Hasta allá fueron las madres del Che a parir solidaridades. Las sonrisas, los abrazos, una mano estrechada con sus vecinos del barrio Carretera La Cruz. Si. Sus vecinos. Porque son los mismos con los que van a compartir mucho más cuando se relocalicen en un barrio de viviendas que las políticas oficiales dejaron gotear en ese exacto lugar del mundo donde viven ellas. Una casualidad construida. Con los que en una de esas tardes cuando nació el Che...

Nadie sabe cuando nació el Che. Hay quienes dicen que cuando se subió a una moto a andar por latinoamérica y conoció los llantos del hambre, los trabajadores desahuciados o los desarrapados del mundo. O cuando se encontró con otros locos como él dispuestos a poner el pellejo por un sueño de millones por alfabetizar, alimentar, curarse, dignificarse en ellos mismos en la más atrevida de las islas del caribe.

Una de crear vínculos sanos. De revincularse. De no contaminarse. De sanarse.

Por eso son las madres del Che. Porque están pariendo eso de la solidaridad con el respeto, con el vínculo, con el amor.


Escuela Secundaria Nº37 «Ernesto Che Guevara»

Prof. Leandro Pozzi