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Opinión

Por RICARDO MONETTA - 9 de Enero de 2016 - Nota vista 554 veces

La historia no miente: república o régimen

La Historia es la mejor referencia para comprender las complejidades en tiempo pasado y presente. Esta misma historia está cruzada por subjetividades de acuerdo a las interpretaciones que se hagan de ella. Pero existen datos puntuales e inexorables que no se pueden «esconder» como se ha hecho en muchas circunstancias en el relato de los hechos que marcaron a fuego nuestro país.
La conformación del Presidente Macri en relación a la composición del Gabinete Nacional con hombres de las corporaciones empresarias y no emergentes de la actividad política no es nueva en nuestro país.

En la Historia Argentina existieron casi siempre una política visible y otra que se caracterizó como invisible. En el siglo XIX y principios del XX la política invisible la ejercían Inglaterra y sus aliados internos quienes controlaban los puertos, servicios públicos, bancos, la tierra productiva y las instituciones culturales como la prensa y la universidad, teniendo como amanuenses a B. Mitre y subsiguientes gobernantes. Como resultado de esta política, el Estado era conducido por una minoría al servicio de intereses empresarios. Estas élites propusieron y consiguieron como referentes a abogados de empresas extranjeras, justamente para hacer la política invisible de penetración capitalista.
Al llegar a la presidencia Hipólito Yrigoyen, su concepción democrática y popular iba en contra de los intereses de la oligarquía, entonces agitaron la dictadura de 1930. Fue entonces que derrocado el presidente, las corporaciones manejaron lugares centrales del gabinete nacional. Por citar algunos ejemplos, el titular de la cartera del Interior, Matías Sánchez Sorondo, era abogado de la petrolera Standar Oil, en Agricultura asumió Horacio Béccar Varela que tenía participación en la conducción de Firestone, y La Plata Cereal British, el Canciller Ernesto Bosh fue presidente de la Sociedad Rural Argentina, etc.
Durante los años 30 la fusión entre la gestión pública y las corporaciones se profundizó en un contexto de crisis económica, desigualdad social, violencia política y fraude electoral, cuestión esta que motivó la denominación de «Década Infame». En ese entonces el asesor de empresas británicas y luego mandatario electo Roberto Marcelino Ortiz designaba a Federico Pinedo, como ministro de Hacienda de la Nación que obedecía al Grupo Bemberg. Nos cuenta la Historia que por los años 1958, la Revolución Fusiladora tenía dificultades para nombrar en su gabinete a hombres que no pertenecieran a asesores de grandes grupos financieros o corporaciones, como por ejemplo Ygartúa, Morixe, Laurencena, Cueto Rúa, Krieguer Vasena para poder asociarlos a los grandes grupos y corporaciones foráneas. En ese entonces el Gabinete estaba integrado por agentes del Grupo Bunge y Born, Bemberg, Chade, Bovril, Texas Oil, Standar Oil, etc. Estos administradores de gobierno defendían los intereses de las empresas y no del Gobierno Nacional. Es decir, era un verdadero retorno al coloniaje a partir del cual las corporaciones se apropiarían de los recursos de la Nación, a costa de bajar el nivel de vida de los trabajadores y de destruir la industria nacional importando manufacturas del extranjero, hecho que se repetiría durante el «menemismo» y que próximamente nos tocará a nosotros. Luego la dictadura de Onganía profundizó la política de entrega designando a Jorge Salimei del grupo SASETRU que estaba ligado a Europa a través del mercado de oleaginosas de Rotterdam, mientras que el terrateniente Tomás de Anchorena fue nombrado al frente de la Secretaría de Agricultura.

Con Onganía adquirieron celebridad dos personajes de la «tecnocracia» que hicieron escuela: Alvaro Alsogaray (hay que pasar el invierno) y Krieguer Vasena. El primero ocupó la cartera de Economía durante el Gobierno de Frondizi y embajador en los EEUU luego del golpe de l966. Luego asesoró a Menem para la destrucción del aparato del Estado y la apertura comercial que destrozó la economía interna y nos llevó a un escandaloso endeudamiento. Mientras que Krieguer Vasena desplazó a Salimei por la presión de los intereses de EEUU que primaron sobre los europeos.

En el plano militar los generales y almirantes que van a parar a los directorios de los monopolios extranjeros respaldan con su presencia la transferencia del capital nacional, privado y estatal a dichos monopolios. La saga de los empresarios en el poder se continuó con la dictadura de 1976 que organizó un gabinete con personeros como José Martínez de Hoz, ligado al Chase Manhattan Bank, o el grupo Rockefeller y con Walter Klein representante del Banco de Boston y de Bunge Born.

Domingo Cavallo es un caso paradigmático de cómo transformar las riquezas públicas, en negocios privados. Cuando era Secretario del Interior de la dictadura de Videla fue también presidente del Banco Central. Él, conjuntamente con Lorenzo Sigaut, Roberto Alleman y Dagnino Pastore, fueron los artífices del Seguro de Cambio y otras acciones que permitieron transferir al la sociedad argentina la deuda de las empresas privadas ¡Que patriotas! Entre los beneficiarios del Gobierno Militar estaban, atención: Grupo Macri (Socma), Loma Negra, Bunge y Born, Perez Companc, Shell, Papel Prensa (Clarín y La Nación).
El Grupo Macri tuvo el «privilegio» de aumentar su patrimonio de 7 empresas en 1973, a 47 empresas en 1983. ¡Qué manera de trabajar estos muchachos! Eso trajo un aumento inusitado de la deuda externa, de 60 mil millones de dólares a más de 120 mil millones, la desindustrialización, el estancamiento productivo, la concentración económica y la extranjerización de las empresas. Alguna vez Mauricio Macri se autodefinió con orgullo como «supermenemista».

Ni hablemos luego del periodo de la Alianza con Cavallo, De la Rúa y el Blindaje y el Megacanje.
Pero no nos asombremos, Macri y CAMBIEMOS le entregaron el Gobierno a las corporaciones. Solamente por mencionar algunos casos; el Ministro de Energía Juan José Aranguren fue CEO de la Shell y a principios de 2014 compró dos millones dólares a un precio superior a la cotización con la intención de iniciar una «corrida» cambiaria y desestabilizar al gobierno. El Ministro de Economía, Alfonso Prat Gay es hombre ligado al JP Morgan y sospechado de sacar dinero de la entonces viuda Amalia Lacroze de Fortabat a través de la fuga de capitales. Otro hombre Federico Sturzeneger, Pte. del Banco Central, está actualmente procesado por el Megacanje que dejó millones en dividendo a los bancos y endeudó a los argentinos.

En Aerolíneas Argentinas está Isela Costantini, de General Motors. En el Banco Nación está Carlos Melconian, que acompañó durante el menemismo al lavado de dinero de las más grandes empresas. En la Unidad Financiera está Guillermo Federicci quien trabaja para el Fondo Monetario.

Para todos estos nombramientos existe una única justificación por parte del Gobierno: El desarrollo del país se verá a través del crecimiento de las grandes empresas multinacionales. El estado es mal administrador, y hay que reducirlo a su mínima expresión. Quiero recordar que algunas de las empresas que hoy van a gobernar a la Argentina, integran los gabinetes de los grupos económicos responsables de la actual crisis económica mundial.

Es lo que se dice, «el zorro en el gallinero».
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