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Policiales

9 de Septiembre de 2015 - Nota vista 6270 veces

Las fugas de Guillermo Patricio Kelly (1957)

La historia del sistema penitenciario argentino registra muchas fugas desopilantes, grotescas y de película.
El 18 de marzo de 1957 se fugaron del penal de Río Gallegos: Patricio Kelly, José Espejo, Gomis, Héctor Cámpora, Jorge Antonio y John William Cooke.

Uno que ganó fama por su originalidad y audacia en los escapes fue Guillermo Patricio Kelly nacido en Avellaneda, Buenos Aires, en 1922. Fue un activista, periodista y dirigente político argentino. Su padre era irlandés y su madre, suiza. Desde muy joven militó en la Alianza Libertadora Nacionalista. Kelly sólo trascendió cuando tomó violentamente la organización, en 1953. La agrupación pasó a convertirse en una fuerza de choque del peronismo.

El 16 de junio de 1955 fueron retratados los saqueadores e incendiarios de iglesias católicas, vestidos con los hábitos que encontraron en su interior.

Tras la revolución de 1955, Kelly fue detenido y acusado de haber participado en el incendio de templos cristianos, de asociación ilícita, hurto calificado, homicidio y otros delitos menores. Fue trasladado por razones de seguridad a la cárcel de Río Gallegos, donde en la noche del 18 de marzo de 1957 protagonizó una fuga cinematográfica junto con el empresario peronista Jorge Antonio, otro de los fugados luego sería presidente de la República, Héctor Cámpora y con el jefe de la Resistencia Peronista, John William Cooke y otros presos políticos. Salieron al exterior del penal llevando a un guardia de rehén y el auto que esperaban no estaba en el lugar convenido, mientras deliberaban que hacer, llegó el vehículo más tarde de lo convenido conducido por Manuel Araujo, socio de Jorge Antonio. Lograron llegar a Chile donde todos fueron liberados, excepto Kelly que solicitó asilo político, pero éste le fue denegado ya que era considerado un delincuente común. Cuando estaba a punto de ser remitido a la Argentina, volvió a fugarse, esta vez de una cárcel chilena vestido de mujer ayudado por la poetisa Blanca Luz Brum que le llevó la ropa al penal y luego salió del lugar caminando entre las mujeres que fueron de visita el 28 de septiembre de 1957. El proceso total de disfrazarse y maquillarse correctamente tardó 18 minutos. Media hora después se descubrió la fuga. Se previno a todos los puestos fronterizos de Chile, se allanaron 300 residencias, se describió a Kelly minuciosamente por todas las emisoras del país.

Seis días después de su fuga de la cárcel chilena, Kelly seguía en Santiago y decidió recoger algunos efectos personales que estaban en poder del juez Ortiz Sandoval, el funcionario que había decidido su extradición. Antes de irse del país visitó la residencia particular del funcionario encargado de devolverlo al gobierno argentino. El plan era rescatar los retratos de sus dos hijos -un varón y una mujer- tomados en Buenos Aires en la primera fiesta de disfraces a que asistieron, él disfrazado de cowboy, ella disfrazada de hada madrina.

Kelly entró en la residencia del juez Ortiz Sandoval, vestido de deshollinador, un jueves a las 3:30 de la tarde, con la venia de los criados. Ellos -procesados más tarde- encontraron perfectamente natural que la chimenea fuera deshollinada en octubre, puesto que había estado en servicio durante todo el invierno. Kelly se llevó los retratos de sus niños -dos estampas en colores con marcos de cobre-, pero las conveniencias lo obligaron a prestarle un servicio a su perseguidor. Limpió verdaderamente la chimenea.

Guillermo Patricio Kelly siendo buscado por todo Chile, ingresó al Correccional de mujeres para darle las gracias a la mujer que lo ayudó a escapar. Estuvo 56 minutos conversando disfrazado de sacerdote, en presencia
de dos guardias.
Antes de abandonar Santiago -en el baúl de un Chevrolet sin frenos- Kelly cumplió su deber de caballero. Fue a darle las gracias a la poetisa Blanca Luz, en el correccional de mujeres, disfrazado de sacerdote. Fue una visita de 56 minutos en presencia de dos guardias.
Esa misma noche, abandonó Santiago hacia el norte de Chile. Duró 59 días su odisea por el norte de Chile, hacia una libertad incierta y remota tuvo varios golpes de suerte. La expedición que salió a cerrarle el paso desde la frontera de Bolivia, se extravió en la ruta, mientras él no erró una sola vez su itinerario. En una casa campesina donde solicitó un refugio momentáneo, la dueña de la casa, impresionada por los boletines radiales, manifestó en su presencia: «-Si yo me encontrara con ese señor Kelly, a quien todo el mundo persigue, lo escondería en mi casa». Él se identificó y aquel golpe de suerte le hizo más transitable el camino hacia la libertad.
Antes de llegar a Caracas, Kelly, pasó un tiempo en Panamá. Incluso entonces se vio precisado a recurrir a su extraordinario sentido del cálculo para no volver a la cárcel. Bajo el nombre de Mario Vásquez, capitán de navío de la Armada Argentina, se colocó a muchos metros sobre el nivel de cualquier sospecha. Allí tomó un avión comercial que lo condujo a Caracas.
En 1958 Kelly regresó a la Argentina y fue otra vez detenido. A lo largo de su vida estuvo preso durante casi ocho años por diferentes circunstancias. Murió el 1 de julio de 2005 víctima de un cáncer terminal en el Hospital Alemán de la Ciudad de Buenos Aires.