Opinión

Darío H. Garayalde de la Asociación Justo José de Urquiza - 27 de Agosto de 2014 - Nota vista 968 veces

La Confederación Argentina y el Banco Maua

Buenos Aires, a partir de 1820, se había apropiado de los derechos aduaneros que entraban por el puerto, pero que antes de 1810, bajo el sistema español, ingresaban en las arcas del virreinato.
 Es por eso que el Gral. Urquiza, después de Caseros, para reorganizar el gobierno en un sistema republicano tenía necesidad de recursos y solamente esa aduana exterior podía proporcionárselos.
A conseguir tal propósito estuvo dirigida la política económica de Urquiza desde el Acuerdo de San Nicolás. Por eso el amotinamiento de Buenos Aires el 11 de Septiembre de 1852 no fue solo dirigido al Director Provisorio sino también contra el sistema económico establecido por el como base de la Organización Nacional. La ciudad portuaria defendía sus rentas aduaneras.
Al no contar con ellos, el Congreso General reunido en Paraná en 1853 autorizó a Urquiza para que gestione un empréstito con la garantía de futuras entradas fiscales.
Con mucho esfuerzo el gobierno obtuvo un empréstito del banquero don José de Buschental en Montevideo. Este banquero aparece como agente financiero de la Confederación en sus primeros tiempos.
Entre 1854 y 1855 después de que fueron los pactos de convivencia con Buenos Aires, la Confederación se dedicó a vigorizar su sistema financiero. Con anterioridad en 1853, por una ley denominada «Estatuto de Hacienda y Crédito Público» la Confederación había fundado un Banco Nacional con facultades para la emisión monetaria. Los billetes por el emitidos tuvieron escasa aceptación. El banco fracasó y al año siguiente debió cesar en sus actividades.
Debió entonces la Confederación recurrir nuevamente a Buschental quien, a pesar de tener la exclusividad del crédito público, no pudo llevar adelante tampoco el peso financiero de un estado separado de Buenos Aires, y hacia 1855, Buschental estaba dispuesto a conceder a los financistas franceses Trouvé Chauvel y Dubois la posibilidad de financiar a la Confederación.
También les quedó grande a los franceses hacerse cargo del crédito de la Confederación y por esa razón Urquiza anula el traspaso.
Finalmente el 26 de noviembre de 1857 llegó a Paraná el Barón de Mauá para discutir y acordar con Urquiza un convenio traducido el día 30 a escritura pública aprobada luego por el Poder Legislativo, por ese convenio se otorgaba al Banco Mauá la formación de un Banco de depósitos, descuentos y emisión monetaria, ante la caducidad del convenio con Trouvé Chauvel y Dobois.
Con estas arduas negociaciones, Urquiza va consiguiendo estabilizar las finanzas de la Confederación y Mauá por su parte extendía su actividad bancaria con sucursal en Montevideo siendo el gerente de la Casa Mauá & Cía el Sr. Da Costa Guimarães. Abre luego en Gualeguaychú y cuyo gerente era don Francisco Fernández Blanco, también con el nombre de Banco Mauá & Cía. Abriría luego sucursal en Rosario y cuyo gerente era don Waldir Simao Gonçalvez. Comenzaba entonces una época de prosperidad para la Confederación, aunque también es bueno decirlo, para la Casa Mauá & Cía. Una calle céntrica de Rosario se llama Barón de Mauá y también en Montevideo.
La Casa Mauá fue el financista no solo de la Confederación sino también del Imperio del Brasil.
Su ocaso comienza cuando, a pesar suyo debió financiar la guerra contra el Paraguay, y digo a pesar suyo porque Mauá transformado en consejero del Emperador Don Pedro II intentó por todos los medios posibles convencerlo, vaticinándole que ir a una guerra contra el Paraguay sería ruinoso para la economía del Imperio. Le decía que deberían entonces movilizar a los esclavos negros y transformarlos en soldados y que después de la guerra, cualquiera fuese el resultado de ella, significaba el fin de la «institución peculiar» o sea, la esclavitud. El soldado que obtuviera o no galones militares en combate, no podía volver luego a ser esclavo...y así fue nomás.
La guerra terminó en 1870 y en 1871, es decir solo un año después el Imperio del Brasil debió dictar la Lei do ventre Livre (Ley de Libertad de Vientres) que liberaba a todos los hijos de esclavos nacidos en el Brasil. Y algunos años después, la princesa Isabel I de Braganza dictó la Ley Aurea el 13 de Mayo de 1888 (*)otorgando la libertad definitiva a los esclavos.
El 15 de marzo de 1889 terminaría el Imperio del Brasil y se proclamaría la República Federal, asumiendo la presidencia el Mariscal Manoel Deodoro Da Fonseca.
Don Pedro II partió al exilio con su hija y el gobierno provisional puso a su disposición una fuerte suma de dinero, que rechazó y se instaló en un modesto hotel de Paris donde murió en 1891
A quien le había pronosticado todo lo que iba a ocurrir a consecuencia de la Guerra del Paraguay o de la Triple Alianza, no le fue mejor: en 1875 debió convocar a reunión de acreedores, dos años después en 1877 se declaraba en quiebra. Como el ahora Vizconde de Mauá (que en realidad se llamaba Irineo Evangelista De Souza) tenía un gran sentido del honor entregó hasta sus gafas de oro para pagar a sus acreedores; después desapareció entregado a tareas inferiores para ganarse la vida, pues no sabía mendigar a nadie y menos al Imperio, que tanto le debía y sin embargo, no le ayudó a sortear la falencia financiera. Moriría en Niteroi, viejo y olvidado, en 1889, el mismo año de hundirse el Imperio. Acabó Mauá como tenía que acabar: junto al Imperio que tanto defendió.

(*) EL FIN DE LA ESCLAVITUD SIGNIFICÓ TAMBIÉN PARA EL BRASIL EL FINAL DE UN SISTEMA ECONÓMICO QUE REQUERÍA TRABAJO MANUAL INTENSIVO, COMO ERA LA EXPLOTACIÓN DEL CAFÉ, EL CACAO, EL AZÚCAR Y LA MINERÍA. LA NOBLEZA BRASILEÑA ESTABA SUSTENTADA POR ESTE SISTEMA Y ERA EL SOSTÉN DE LA MONARQUÍA, POR ESA RAZÓN TAMBIÉN FUE SU FINAL

CÁRCANO, RAMÓN J. «DEL SITIO DE BUENOS AIRES AL CAMPO DE CEPEDA 1852 - 1859 - EL ATENEO BUENOS AIRES 1921
CALETTI, ALBERTO «HISTORIA DE LAS MONEDAS METÁLICAS Y DEL PAPEL MONEDA» EUDEBA BUENOS AIRES 1972
CHIANELLI, TRINIDAD DELIA - «MAUÁ» TODO ES HISTORIA Nº 84 EDITORIAL TOR’S
ROSA, JOSÉ MARÍA «LA GUERRA DEL PARAGUAY» CAPITULO 3 HYSPAMÉRICA 1985
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