Una carta emotiva
Sr. Adolfo Gorskin:
Le contamos que somos cinco hermanas, una de ellas está en Buenos Aires, otra en Ubajay y las demás en esta ciudad, todas queriendo crecer y lamentablemente fuera del lugar que nos vio nacer. Y decimos lamentablemente porque al igual que usted debimos dejar nuestra «Querencia» para forjar nuestro futuro. Sí, Adolfo, somos de Pedernal, de su cercana Colonia Santa Isabel.
Y si bien tenemos entre 23 y 31 años, hay muchas cosas que describe en su libro que nos tocan muy de cerca. Nosotras vivimos aquello de que en Navidad o Año Nuevo salían en grupos para saludar; también de los actos escolares con chocolate y bollos. Pero lamentamos que Pedernal no tenga aquella Cooperativa que tantas satisfacciones le brindaron a su familia y que desafortunadamente no pudimos conocer.
Nos sorprendimos por las obra de teatro y los carnavales que se realizaban en el salón Y hoy sabemos que todo sería diferente si nuestra vieja estación de tren despidiera o recibiese gente.
¡Cómo nos hizo llorar con las descripciones de las manos de la abuela!
Y no le quiero describir nuestras caras al ver las fotos de la Coca, Gómez y Chungo, vecinos del pueblo. Vecinos porque mamá y papá viven en Pedernal. El alemán vino de Villa Clara y la conquistó, ella nacida en la Colonia Santa Isabel, nuestra madre Amalia Gómez, hija de Ramona Gómez y Abelino Benitez. Y acá está el motivo de nuestra carta. Ella cumple años el 16 de julio, sus 50, y nuestro regalo será su libro... Porque este cuenta cosas que ella siempre nos narró y porque aunque no lo crea, nos habló de usted.
Nos encantaría que realice una dedicatoria en el libro (de ser así lo acercaríamos hasta su domicilio). Si esto no es posible, igual nos sentimos felices de haberle expresado nuestra visión sobre el libro.
Y no olvidamos de decirle felicitaciones y gracias, por hacernos revivir parte de nuestras raíces.
Lo saludamos muy atte, esperando una pronta respuesta.
Sonia, Lorena, Natalia, Vanesa y Erica Kappes.
N. Redacción: Las autoras de esta carta llevarán el diario a su madre junto con el libro «Querencia» de Adolfo Gorskin, autografiado por el autor.