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CONCORDIA, Entre Ríos   Lunes, 6 Febrero 2012 09:05
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  NOTAS CIUDADANAS
 
30-01-2012

 
Mujeres de Concordia que luchan


Era un día cualquiera de hace varios años, tal vez 20. Llegó con las fotos de su padre, fotos de cacharros indígenas, rotos, encontrados en Salto Grande antes de hacer la Represa. Deseaba mostrarme la colección que iba a formar con todo lo que tenía y había ayudado a juntar, en años, con aquel autodidacta, que había sido en arqueología, Nelson Vasallo ¿Sabe que me voy a estudiar Museología?
Supe que a partir de ese momento viajaría a Concepción del Uruguay, todos los miércoles y regresaría los sábados, para asistir en esa ciudad a las clases de Museología y obtener el título. La miré ¡qué sacrificio! Y la miré, admirando su espíritu y la tenacidad que tendría que desarrollar sumada a su inteligencia, que muy pocas veces se ve en una mujer de 45 años. Con una familia formada ejemplarmente, Cristina Vasallo de Cettour, un marido fotógrafo, (ahora fallecido) y tres hijos de más de 20 años, hizo la ascensión al Aconcagua. Y digo así por lo difícil y agotador que le resultó cumplir su cometido y ser la primera museóloga de Concordia.

Perito Mercantil, abanderada de su promoción en 1967, ya lo ayudaba a su padre, apasionado por la arqueología, recorriendo lugares, cavando, clasificando, con toda la familia y ayudándolo a escribir. A los 18 se casó con Miguel Cettour, empleado en Foto Vía, hasta que en 1977 al separarse de esa firma, comenzó su trabajo ayudado por su esposa. Los tres hijos del matrimonio aprendieron el oficio y aunque ahora la carrera de analista programador, de radio operador o de estudiante los aparte; ellos siempre ayudan a su padre en la tarea y el entusiasmo de la madre y su esfuerzo ha hecho que su hija siga ahora la misma carrera de Museología. Cuando escribo esta nota, la joven ya recibida trabaja con su madre en el Museo Antropológico de Concordia luego de haber sido ayudante en Documentación e Investigación en el Museo de Artes Visuales.

Durante el primer año de su carrera le dije a Cristina V. de Cettour: «Cuando te recibas, ven a contarme cómo ha sido esta época de tu vida». Y así lo hizo. No bien rindió sus últimos exámenes, pero en estos años yo la he seguido con su múltiple actividad; en la Comisión de Amigos del Palacio Arruabarrena (1989-90) donde manejaba todo el material que su padre había acumulado y daba charlas en las escuelas. Todo gratis. Retiró un día la colección de su padre que estaba en el sótano del Palacio y decidió ordenarla en su casa. La armó luego para hacer una exposición en homenaje a su padre Nelson Vasallo en el Museo de Artes Visuales, donde ella misma en jornadas agotadoras explicaba a los alumnos de las escuelas sobre los indios habitantes de la zona, piedras, lanzas, seguida en su exposición por todos los chicos en un tema que les apasionaba.

Con el profesor Poenitz (f) hizo una muestra con muchísima afluencia de público y de colegios en el Museo. Consideró que tenía que abocarse a formar un museo antropológico y que no tenía suficientes conocimientos específicos. Y allí partió a inscribirse en el Colegio Nacional de C. del Uruguay, a seguir una carrera que «no contaba con demasiados adeptos», pero como le diría la directora del Instituto, licenciada en Museología María Cristina Núñez: «No podemos saber qué nos traerá el futuro, pero sí en cambio qué nos trajo el pasado».

- «Fue un real sacrificio -me comenta-, dejar mi casa organizada los miércoles con la ropa limpia, la heladera provista, mis hijos, marido con todo listo y regresar los sábados por la madrugada; confieso que terminé muy cansada.

En medio de tanto, hacía exposiciones en Concordia pues ya estaba empleada en la Dirección de Cultura. He tenido no solo el respaldo de mi marido, un puntal increíble, sino del director de Cultura, Carlos Miggoni, que me permitió estudiar mientras trabajaba y que está siempre dispuesto para los proyectos que le presentaba».

Agreguemos a esto que también resultó oneroso para Cristina que debió vivir en pensión los días que permanecía en C. del Uruguay. «Pensaba en todo lo que me esperaba en casa al volver, sin ningún día libre y agregado a eso, estudiar, que representó un esfuerzo mental para alguien que tenía que hacer tantas cosas». Físicamente también fue un esfuerzo, porque a pesar del desorden en que se movía, logró también ser abanderada con un promedio general de 9.70 en su carrera, lo que constituyó todo un récord. En ese tiempo viajó muchas veces enferma para no tener inasistencias; sus compañeras y profesoras le expresaron su profunda admiración por lo que hacía. Ha sido «difícilmente igualada» dice su Directora en una dedicatoria y considerada «inigualable alumna» por cuanto ha hecho y sobre todo por ese homenaje a la pasión de su padre que la convirtió en arqueóloga y museóloga.

Al fin del primer año de su carrera ingresó en la Dirección de Cultura y comenzó a poner el Museo en condiciones y eso se notó inmediatamente... El orden, el desentierro de cuadros, el fichaje, la documentación de obras, la conservación y restauración, la organización constante de exposiciones fueron índice de su preocupación. Los proyectos y propuestas que presentó fueron respaldadas en la medida de las posibilidades por la Municipalidad.
Pero sus ideas son amplias y poco a poco tratará de irlas cumpliendo, ya que en Concordia no está organizado ordenadamente este aspecto. Cristina es la primera museóloga hija de Concordia, aún cuando se encuentra aquí la señora de Uranga, con el mismo título.
Entre sus actividades integra la Asociación de Museólogos de la Provincia de Entre Ríos (que se formó en 1985), la Asociación Concordiense de Arqueología, la Asociación de Fotógrafos, pues también trabaja con su marido en esto y es miembro del Consejo Internacional de Museos (ICO).
Tiempo hace llegó a mí su proyecto de «Monumento al Indio», del cual es coautora junto con su hermano. Este monumento deberá estar emplazado en un cerro de San Carlos. Fue aprobado por el gobierno del Dr. Busti y se piensa que pronto se realizará. Tiene un proyecto de reserva arbórea, una recreación prehistórica y el de un Museo Antropológico de Ciencias Naturales bien encaminado.

Todo esto a los 45 años y no así nomás, sino con dedicación, responsabilidad, esfuerzo y logros.

Una cosa que me molesta, cuando leo en los avisos cuando se solicitan empleados y se les exige que no deben pasar de los 25 años o 30. Como si después la mente de hombres y mujeres no tuvieran capacidad. Sin embargo está comprobado que después de los 40, el desarrollo y la ampliación de mentalidad los hace mucho más capaces. Aquí tienen una prueba con esta mujer a quien hay que admirar que estudió y se recibió, trabaja dentro y fuera del hogar, está llena de proyectos y ha logrado que su esposo, hijos, la ciudad toda se sienta orgullosa.

- «Ha llegado un momento, dice Cristina, que valoro no solo el respaldo de mi familia que ha sido increíble, sino de mis profesores de C. del Uruguay, que me dieron espacio y fe en mi triunfo, el Director de Cultura y en tanta gente que me ha saludado. La cordialidad, el reconocimiento y mi alegría me llenan de proyectos. Y lo haré así, Minguet, porque hasta he logrado que mi hija se entusiasme y se reciba en esta misma carrera donde trabajamos juntas en el Museo Antropológico de Concordia».
¡Lástima que mi padre no lo sepa!
Hasta otro día.

Minguet