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Fecha de emisión de correo de lector: 8 de Octubre de 2019

CAMINANDO FRENTE AL MAR

Escrito por:
Roberto Juan Tedeschi Bemattei

Era domingo, por tanto no tenía actividad en el Laboratorio de la Estación Algológica de Puerto Deseado.

Corría el año 1957, se me había encomendado instalar un laboratorio, para realizar estudios sobre el aprovechamiento de las algas marinas.

Fue todo un desafío y aventura para mis 23 años.

En la mañana de ese domingo me encaminé hasta la costa del mar, dejando la ría cubierta en gran parte con una “pradera” de algas gigantes, conocidas como cachiyuyo, flotando sobre sus aguas.

Ya llegando a la costa del mar, aprovechando la baja marea, bajé en cuanto pude a la playa.

Inicié mi caminata rumbo al norte, quedando a mi izquierda los altos acantilados de tosca modelados por la erosión del viento, de la lluvia y la abrasión del mar.

Cada tanto aparecían derrumbes, dando lugar a anchas y altas cuevas sembradas de grandes y pequeños trozos de tosca sobre la arena.

Este lugar de libre tránsito en el momento quedará anegado en la pleamar, al llegar la noche.

Seguí andando y más adelante me encontré enfrentado a un pila de pieles de focas o lobos marinos ya secos como cuero.

Ese cúmulo de pieles cubren un volumen similar al de un automóvil mediano, sobre una gran playa lejos de la rompiente, adonde no llegaba el mar ni en la creciente.

Aparentaba haber sido acumulada allí de añares, quizas de las lejanas épocas de las laberas, que hacían sus cacerías en la zona.

Y así andando y andando por la costa marítima de Santa Cruz fuí sintiendo el silencio de la soledad, solo interrumpida por el ruido del oleaje.

Era algo así como una música de fondo que me creaba una situación ideal para pensar el momento irrepetible, que estaba viviendo y que quería atrapar para siempre en mi memoria.

En tanto sigo caminando transversalmente a las canaletas esculpidas por la olas, que en su ir y venir van dejando su impronta.

Hago oportuno el momento para observar las algas que producen agar - agar que lamentablemente no forman colonias, como sería deseable para poder ser cosechadas en forma económicamente rentable para su industrialización.

Mientras camino, voy recolectando algas de diferentes tipos y colores no solo para mostrarlas, sino también como un apreciado recuerdo.

Ya comienzo el regreso para que la pleamar no me encierre en alguna saliente del acantilado y así caminando y apresurando el paso voy regresando.

Ante mi presencia gaviotas y otros pájaros parten de sus nidos en el acantilado, volando raudamente provocando con sus aleteos un ensordecedor ruido que me asusta.

Me estaban anunciando que había violado su territorio.

La tarde va avanzando, la luz del sol en retirada. Es hora de volver al poblado y llegar a la casa que será mi vivienda, mientras cumplo con mi tarea de estudio y elaboración de productos a partir de las algas marinas a escala de laboratorio.

De esta manera culmina un día caminando frente al mar.