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Fecha de emisión de correo de lector: 7 de Octubre de 2019

“LA ACADEMIA” ESTÁ DE DUELO “CUANDO UN AMIGO SE VA”...

Escrito por:
Ricardo Monetta

Hay pequeñas historias que cobran dimensión cuando el tiempo pasa. Es cierto que la niñez es como el cemento fresco y es por eso que los hechos pertenecientes a la emoción quedan grabados para siempre.

Residía yo con mi familia en una casona de calle La Rioja al 524 que daba casi al frente del viejo Hotel España, hoy remodelado con nuevo nombre, que contaba con dos pisos, con amplios balcones a la calle. Con mi hermano mayor, en esas travesuras juveniles, nos trepábamos al techo para visualizar la calle. Daba la casualidad, que enfrente, casi todas las tardes, un señor de unos veintitantos años, salía al balcón a tomar aire y nos saludaba amablemente. Un día, por esas cosas de la vida, yendo con mis 10 años a cuesta al Club Ferrocarril, me cruzo con él y nos pusimos a conversar y me contó que trabajaba en el Ferrocarril y me invitó a su pequeña suite, donde me regaló una “pila” de revista deportivas en colores, del club al que era muy adicto: el Racing Club de Avellaneda. Por supuesto que mi curiosidad iba más allá de lo informativo y le requerí más información.

Con mucho afecto me relató las hazañas del club del cual hasta Gardel era hincha.

Yo, que todavía no me inclinaba por ningún equipo, no lo dudé más. Tomé las revistas, me las llevé a mi casa y me las devoré una a una, y a partir de ese momento supe que compartiríamos la misma emoción futbolera.

¡Ah!, cuando le pregunté su nombre, me dijo que le decían ‘‘Kitin”. Con él aprendí que Racing era una pasión que no se agrietaba con el paso del tiempo, que no era como el beso momentáneo que se convierte en un rictus amargo por la derrota, ni tampoco en un grito de rebeldía que se pierde en el olvido. Detrás de ese amor por los colores de la camiseta, estaba la alegría de compartir la amistad casi a diario entre un hombre solo y un niño camino a la adolescencia con ganas de gritar ¡Racing campeón! Y fue así que disfrutamos del Racing Campeón del 58, con “Piedone” Manfredini; del 61 con el “Loco” Corbatta, Federico Sachi y Pizutti. Fueron días inolvidables. Un día el destino nos separó. El formó familia, yo me fui a Córdoba.

 Hasta que un día, la emoción del Racing Campeón de 2001, de vuelta ya a Concordia, lo localicé y lo fui a visitar y me recibió con mucha emoción. Nos contamos todas nuestras historias. Disfrutamos esa sensación que ser de Racing era como un adiós perpetuo en medio de una militancia frenética que no se apagó nunca.

Quiso las vueltas de la vida que Federico Antonio Álvez, alias ‘‘Kitin” con el paso del tiempo, fuera padre de mi médico de cabecera. El distinguido Dr. Julio Álvez, que también heredó de su progenitor el “sufrimiento” de ser de Racing.

Porque había que tener resistencia y memoria para ser “académico”. “Kitin”, ahora nos ha dejado. Se fue de “gira” al más allá con la alegría de verlo a Racing nuevamente campeón.

¡Gracias Kitin! Tu despedida es como un buen vino, que se bebe en un vaso sin fondo en el bar de los recuerdos. Vos me enseñaste que la nostalgia por Racing, es la felicidad, aun estando triste en la derrota. ¡Hasta siempre viejo amigo...!