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Fecha de emisión de correo de lector: 5 de Octubre de 2019

Francisco: una voz en el mundo

Escrito por:
Pablo Sánchez

“Qué vinieron a escuchar, ¿una voz en el desierto?... No, vinieron a escuchar a un profeta’’. Así se refería Jesús sobre Juan el Bautista, quien denunciaba las injusticias e inmoralidades del mundo de aquella época. Por eso quienes representaban el poder en ese momento lo mataron. Hoy, dos mil años después, siguen repitiéndose actos inhumanos y crueles de injusticia, especialmente contra los más pobres, los excluidos, los que son tenidos por nada por esa parte de la sociedad pequeña, pero poderosa y terriblemente egoísta. También una nueva voz, como la de aquel profeta, predica ya no en el desierto, sino en medio de este mundo que ha globalizado la pobreza y la injusticia. Es la Voz del Papa Francisco, que resuena con fuerza y con la contundencia de la Verdad y la decisión de un Pastor dispuesto a morir por su pueblo. Es argentino, debería ser nuestro orgullo, debería ser tapa, ser titular o tapas en todos los medios, pero como dice el refrán “nadie es profeta en su tierra” a Él lo silencian. Por suerte algunos medios como el matutino El Heraldo de Concordia multiplican esa voz que denuncia y pide a toda la sociedad que reflexione.

Podría seguir escribiendo lo que en este momento me dicta mi corazón y mi conciencia sobre este tema, pero prefiero transcribir el mensaje de este gran Papa, enviado al mundo en la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado.

“El mundo actual es cada día más elitista y cruel con los excluidos.

“Debemos aceptar a los demás, especialmente a los excluidos, forasteros, viudas y huérfanos por ser personas que a menudo carece de derechos y son marginados”.

El Papa también dijo: “No se trata sólo de migrantes, sino de todos los habitantes de las periferias, que junto a los migrantes y refugiados, son víctimas de la cultura del descarte”.

Francisco pidió reflexionar “sobre las injusticias que generan exclusión, en particular sobre los privilegios de unos pocos, que perjudican a muchos otros cuando perduran”.

Criticó a “los países en vías de desarrollo que siguen agotando sus mejores recursos naturales y humanos en beneficio de unos pocos mercados privilegiados”. También criticó “la fabricación de armas y su venta que se llevan a cabo en regiones que después no quieren hacerse cargo de los refugiados que dichos conflictos generan”. Y con la misma fuerza elevó su voz insistiendo “no se puede permanecer indiferentes ante el drama de las viejas y nuevas pobrezas, de las soledades más oscuras, del desprecio y de la discriminación de los demás, ni insensibles, con el corazón anestesiado ante la miseria de tantas personas inocentes”. No podemos no llorar. No podemos dejar de reaccionar”. Debemos guardar el mandamiento más importante: amar a Dios y Amar al prójimo”.

Finalmente abogó por la construcción de un mundo más justo.

No voy a agregar nada más, sólo pedir a Dios que este mensaje del Papa Francisco, el Bautista de hoy, el gran profeta, abra el corazón y la conciencia de todos los hombres y mujeres del mundo, especialmente de los gobernantes, líderes, empresarios y de los más poderosos. Que tienen el poder de cambiar este sistema materialista e inhumano para construir un mundo más digno, más justo, donde la palabra “excluido” sea borrado del diccionario y reemplazado por la palabra “Hermano”, nombre que San Francisco de Asís le daba a todos los seres de la tierra, y por el cual el Papa tomó su nombre al ser proclamado Sucesor de Pedro.