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Fecha de emisión de correo de lector: 7 de Septiembre de 2019

Algo para recordar maravilloso

Escrito por:
Teresita Miñones de García

En el Magazine del sábado 18 de agosto, les comenté sobre lo que fue la fiesta del Sesquicentenario de Concordia de 1982. Además les decía quienes fueron las personas que trabajaron inicialmente, para llevar a concretar que ese sueño se hiciera realidad, de poder ver un desfile con las distintas colectividades. Luego les relaté, lo difícil que resultó poderlos convencer en desfilar con sus ropas típicas; y que las hacedoras de esa difícil tarea fueron Minguet Mouliá y Chila Neira, ambas comunicadoras de este diario "El Heraldo” y de radio del Litoral.

Cinco años después

Se reunieron las colectividades otra vez en 1987, pero no en Concordia, sino en Paraná. El motivo era sensacional; nada menos que ir a escuchar al Papa Juan Pablo II.

Las personas que lean este escrito, y que estuvieron allí no podrán decir que en nada exagero en decirles, fue un día excepcional, un recuerdo imborrable.

La multitud permanecía absorta, increíblemente como hipnotizados al escuchar al Papa, ese ser humanamente ejemplar. Él había venido a Chile, Argentina y Uruguay.

Cuando estuvo en Argentina visitó Mendoza, Bahía Blanca, Viedma, Córdoba, Tucumán, Salta, Rosario, Paraná, y Capital Federal. En cada lugar se fijó un mensaje distinto, en Paraná fue dedicado a los inmigrantes y a la bendición de esta tierra entrerriana.

El viaje

Partimos de Concordia con un grupo muy lindo de representantes de las distintas colectividades en un micro. La persona que nos convocó, y fue alma y unión del grupo, fue la señora uruguaya, Gladys Villar de Sauré, esposa del Doctor Carlos Sauré. Cada colectividad llevaba los escudos, los estandartes, y su gente iban vestidos con sus ropas típicas muy coloridos, representativas de sus países.

Llegamos a Paraná y nuestro colectivo quedó a 5 km del palco porque la ruta estaba colmada de vehículos. Caminamos como peregrinos, unidos en la fe, y con el deseo de escuchar la palabra de Dios, en ese ser humano del que tanto el mundo entero admiraba y hablaba de él. El que dio más de 7 veces vueltas a nuestro planeta tierra, llevando siempre su prédica de amor y paz.

Y llegó el momento, y pudimos comprobarlo y quedamos todos maravillados, porque ese hombre polaco hablaba como nos decían. Por momento su voz era penetrante, profunda, parecía llamas de fuego, por su don tan convocante y contundente, parecía como Santiago, el hijo del trueno, como un ancla firme, sus palabras eran para la lucha por la salvación. Luego su voz se transformaba en un bálsamo de esperanza, que corría como agua cristalina bajando de una montaña.

¡Qué deleite fue escucharlo! Era transformador, carismático, parecía realmente que estábamos escuchando a un santo, y con el tiempo los hechos lo demostraron y llegó a Santo.

Él fue un artista, sufrió una guerra y el desgaste de ese sufrimiento lo llevó a llenarse de fortaleza espiritual, y de colmarse de virtudes, y llegar a ser un ejemplo de ser humano increíble. Entre las cosas que habló con tanta sencillez pero con firmeza y sabiduría e integridad teológica dijo: “El tiempo mejor pasado es el que los abuelos pasan con sus nietos, porque de esa forma trasmiten las raíces de sus costumbres y creencias familiares, que son pilares de raíces, con su enseñanza de vida para permanecer y proyectarse en el futuro en sus nietos".

Si analizamos es realmente lo que debe ser las fiestas de los inmigrantes de hoy en día, ser la continuidad del pasado, robustecida en el presente, adaptándola con cambios de los tiempos, pero...prevaleciendo siempre el contenido y el concepto del amor, la familia, el hogar, la patria de donde vinieron, y el país que los albergó, Argentina.

Ojalá esto ocurriera hoy en día, pero la realidad nos muestra que hay un vacío de contenidos espirituales que intentan borrar los nobles valores de nuestros mayores, con ideas venidas del extranjero de lugares que fracasaron en sus países, y quieren contaminar al mundo que viven diciéndonos lo nuestro es retrógrado y del siglo medieval o el romanticismo de los siglos XVIII. Nada de eso, debemos priorizar la familia y los valores morales.

Los abuelos son los nexos con los nietos porque los padres viven ocupados por sus trabajos para poder vivir, por el problema económico real, por el que se está pasando en todo el mundo, pero ese nexo debe permanecer para no olvidar el pasado y ver cara al futuro. Por eso pienso, estas fiestas deben servir para un tiempo de reflexión y unión de familias, para volver a los valores humanos, a la palabra y a la fe. Busquemos a los que hablan, lo que sienten y que sea para el bien de los demás. Que no pase el que habla, de lo que no piensa y otros que dicen lo que realmente no lo piensan, y solamente en beneficio propio. Esto hoy ocurre lamentablemente, pero lo que debemos es valorar y aprender de un Papa Juan Pablo que es el santo de nuestro tiempo, y que hablaba con sabiduría en bien de todos con autenticidad, amor y por la paz, anclados en la fe, la esperanza y la caridad.