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Fecha de emisión de correo de lector: 7 de Septiembre de 2019

“POPULISMO”: Ese viejo y desnostado título político

Escrito por:
Ricardo Monetta

A lo largo de la Historia política de las naciones, cada ideología o contenido de ideas referentes a determinada agrupación, estaba rubricada por una prolongación de la palabra “ismo” como significancia abarcativa en términos de pluralidad. Así todos identifican por ejemplo al Liberalismo, al Comunismo, al Fascismo, al Radicalismo, al Justicialismo, etc.

Pero no conozco a ningún político en el mundo que haya dicho: ‘‘Soy populista”. Y cuando alguien se refiere a un dirigente de cualquier partido que es “populista”, es porque pretende desmerecerlo peyorativamente.

Resulta pues un término casi insultante, polémico y por eso escapa de ser un concepto analítico. Sirve para atacar cuando se está en la contienda política, o si se hace desde afuera por gente que no tiene nada que ver con la situación analizada. Sirve para cubrir con una adjetivación nuestra propia ignorancia.

Hay ciertos regímenes políticos, que parecen complejos, raros que no corresponden a los esquemas tradicionales y entonces son populistas.

Este complejo tiene una tradición histórica que no es patrimonio exclusivo de nuestro país. El populismo en la historia política de EEUU, son los granjeros del centro de su país que se rebelan contra los banqueros del Este. En la Rusia zarista son los ‘‘narodniky”, intelectuales que estaban junto al pueblo contra las élites corruptas.

Y ahora se dice que la izquierda o derecha fascista xenófoba, es populista. En Europa también, las clases altas, si escuchan de algunos políticos decir: ‘‘Hay que escuchar a la voz del pueblo”, enseguida le aplican el mote de: ‘‘Son populistas”. En América Latina, en la década pasada, coincidieron gobiernos progresistas que elevaron la calidad de vida a la gente, pero como no habían salido sus dirigentes de las corrientes políticas tradicionales, se les denominaba “gobiernos populistas”.

Normalmente los gobiernos en América Latina, que produjeron en su seno líderes populares, verdaderos ‘‘outsider”, (por fuera de la política tradicional) fueron rápidamente atacados por las clases dominantes, porque eran una amenaza para sus privilegios. No sea cosa que les contagie unir sus demandas insatisfechas y darle forma política de tal manera que hagan temblar al poder.

No nos olvidemos que fueron las “clases populistas”, o sea el pueblo, quien destronó a los Zares de la Rusia Imperial, mediante la toma del Palacio de Invierno y antes también el populismo había iniciado con la Toma de la Bastilla, la Revolución que cambió el mundo de la política para siempre.

O sea que los gobiernos llamados despectivamente “populistas” son los que tienen relación directa con la gente. Su relación la hace con las estructuras partidarias. Las democracias sociales, que tanto asustan a la clase oligárquica, son de dos tipos: o Socialdemocracia, o Democracias Plebiscitaria.

En nuestro país, a pesar de haber dos partidos tradicionalmente de origen popular, el Radicalismo y el Justicialismo, es este último a quienes sus adversarios políticos tratan de despojarlo de fuentes de legitimidad, tildándolo de populista.

Y yo pregunto, ¿es acaso más importante un gobierno de clase, alejado de las demandas de las clases populares, para solo satisfacer a los pertenecientes a ciudadanos con una matriz ideológica enraizada de élite dominante? ¿O es preferible un gobierno, que por más populista que sea pretenda ejercer esa política tan odiada por la clase dominante que es la distribución de la riqueza?

Es que la Argentina siempre tuvo problemas con su pasado.

El revisionismo histórico demostró que se habían falseado las épicas y supuestos bronces de hombres oscuros cubiertos de pátina de gloria por una historia oficial que avaló traiciones a la patria y empoderamiento de riquezas y entregas de soberanía tanto política como económica, primero con Inglaterra y luego EEUU: Y eso el “populismo” ahora lo sabe.

Por eso vota como vota. Aunque todavía haya resabios de la dictadura en algunos miembros de determinados estamentos políticos, la lucha siempre será entre el opresor y el oprimido, aunque le digan “populista”.