CORREO DE LECTORES

“LIDERAZGO Y CONDUCCION”: PARECIDOS, PERO DIFERENTES

Escrito por:
Ricardo Monetta

Como es dable observar, en sólo dos semanas del giro táctico de la expresidenta en la designación de la fórmula presidencial, produjo un efecto de reordenamiento de la política nacional. ¿Cuál fue la causa profunda de ese reordenamiento?. Por lo pronto el corrimiento de CFK del centro de la escena nacional, remueve un obstáculo para el proceso de unidad que se requiere para producir un cambio drástico en la vida política nacional, después del fracaso ostensible de Macri y su equipo. ¿Y en que consistía ese obstáculo? En que la expresidenta, concentra sólidas adhesiones fundadas en razones ideológicas, políticas y afectivas. Porque su liderazgo no es hijo de un proceso publicitario, sino de una prolongada e intensa experiencia política. Es además, el fruto de una experiencia de fuerte antagonismo político, legítimo e históricamente fundado. Ese antagonismo intenso y pasional que recorre la sociedad argentina, generó también un odio recalcitrante, que se nutre de viejas querellas históricas argentinas y fue sistemáticamente alimentado por las maquinarias informativas y convertidos por servicios de información y jueces réprobos en denigración y persecución tribunalicia, restableciendo las antinomias de un pasado histórico. Por eso se cuenta conque la fórmula nueva, distiende los ánimos, favorece el diálogo y despeja los miedos.

Muchos anhelan un nuevo gobierno que posea una actitud mas razonable” y sea “menos extremo” en sus medidas”. Y la pregunta surge sola: ¿Cuáles y en que sentido fueron las medidas extremas anteriores ¿Lo fue la renegociación de la deuda defaulteada en el 2001? ¿Lo fue la recuperación de los fondos de los jubilados de manos de las AFJP, que Cavallo le cedió a los banqueros? Lo fue también la Ley que fue debatida en todo el país acerca de terminar con el monopolio de los medios de comunicación? ¿La recuperacion de YPF?

La recuperación de Aerolíneas Argentinas? Por eso los que primeros tienen que ser moderados” y “razonables”, son los grandes grupos económicos, locales y globales que en un corto lapso hicieron grandes negocios extraordinarios al mismo tiempo que destruyeron la trama productiva y empobrecieron a la mayoría de la sociedad.

Tal vez esto sirva para comprender el porqué el título de esta columna marca la intención de ubicar a Alberto Fernández en el sitio de candidato a Presidente.

Porque líder y conductor son figuras parecidas, pero son diferentes. El líder es la figura con una dimensión que garantiza la cohesión de las estructura partidarias. Estas estructuras en los partidos de la izquierda más radicalizadas y movimientos populares pequeños, por mas sentido nacional que tengan, son estructuras muy frágiles por la ausencia de un líder que las aglutine. En este aspecto, aquí se juega una dimensión distinta a la del líder. El líder puede ser brillante, carismático, apasionado en sus intervenciones y determinante en sus apariciones mediáticas. Pero la propia función de liderazgo, en todas las estructuras políticas, presenta esta matriz, o sea promueve la obsecuencia, el uso de los allegados al líder para no dejar avanzar lo nuevo o lo diferente. Y la inercia que siempre termina provocando una suerte de blindaje del líder. Lo que se llama “mesa chica” del poder al que no le llega lo que verdaderamente se transmite desde lo social. Por eso el líder puede quedar capturado en su espejo. Y es en este punto, la Conducción (o el conductor), no debe superponerse con el “liderazgo”. La conducción es un modo de “saber hacer” con las inercias fuertes que el liderazgo provoca. Aunque Líder y Conductor, coincidan en el mismo sujeto, el Conductor siempre mantiene una condición de externalidad con el liderazgo. Hay excelentes líderes llenos de fuerza vital, que se revelan como pésimos conductores. Y son pésimos porque no captan lo que se juega en la coyuntura. Y esta siempre invita a un desafío, a una apuesta. Por ello el conductor siempre se ocupa de la ”guerra” de posiciones, de las correlaciones de fuerzas y del sistema de alianzas. Para esto no puede, ni debe estar capturado en la inercia narcisista de su interna y confundir el eje de su misión. El líder, descubre, inventa, genera un horizonte, pero solo un conductor sabe cuáles son las condiciones de su realización.