CORREO DE LECTORES

EL EPITAFIO

Escrito por:
María Rosario Echeverría

Un género literario del que se habla poco


Está en decadencia y hoy forma parte de los rituales de la muerte que rozan lo kitsch.-

Se dice que este género literario agoniza desde hace más de un siglo y que sus características más notables son la brevedad, el golpe de efecto, la manifestación de un deseo de trascendencia y el despliegue de una teatralidad que es propia de la muerte.

Además se señala que los románticos explotaron literaria y plásticamente la escenografía mortuoria de la cual la lápida y el epitafio son elementos inseparables. El poeta inglés John Keats, no sólo vivió como un romántico, también murió como tal.

Incomprendido y con el corazón atravesado por un amor tormentoso, se fue de este mundo a los 26 años de edad del mal romántico por excelencia: la tisis. Inútilmente había ido a buscar el calor del sol romano. La muerte lo sorprendió en una pequeña casa sobre la Piazza “Spagna” que aún se conserva. Fue enterrado en el cementerio para extranjeros y sobre su lápida de mármol puede leerse: “Aquí yace un hombre cuyo nombre fue escrito sobre el agua”. Algunos epitafios célebres son el de Groucho Marx y el del gran dramaturgo Molière. El de Groucho Marx dice: ‘‘Disculpe que no me levante, señora”. De esta forma se las arregló para que su humor siguiera vivo, aunque él estuviera muerto. Respecto a Molière, redactó de esta forma la inscripción que debía ser colocada sobre su tumba: ‘‘Aquí yace Molière, el rey de los actores En este momento hace de muerto y, de verdad, lo hace muy bien”.

Creo vale puntualizar que Charly García, polémico, admirado por unos y también rechazado por otros, aspira a seguir cultivando su vocación de escándalo desde el más allá. En cierta oportunidad se le preguntó cuál podría ser su epitafio y respondió: “No saben lo que se perdieron”.

Asimismo, el genial Orson Welles no pensó que la muerte fuera la ocasión precisa para cuidar los modales y dejó escrito: “No es que yo fuera superior. Es que los demás eran inferiores”.

La escritora argentina Esther Cross, escribió, para sí misma, este epitafio: “Pasajera en tránsito”.-

Por su parte, Leopoldo Brizuela, escritor argentino, para sí mismo escribió el siguiente epitafio: “Tuve días peores”.-

¡Cuántos epitafios más podrían mencionarse! Uno más está unido al músico Erik Satir, que hizo su propio proyecto de escultura para su tumba y pensó este epitafio: “He llegado demasiado joven a un mundo demasiado viejo’’. Pienso vale mencionar que el arte del epitafio, lo inventaron los egipcios y lo cultivaron los griegos y romanos. Los epitafios más antiguos son egipcios y se escribieron sobre sarcófagos en jeroglíficos. Los catafalcos romanos llevaban epitafios en latín.

Se sostiene que en el siglo XVI el epitafio se convirtió en un género literario al que “adhirieron escritores diversos hasta bien entrado el siglo XIX. Sus creaciones no necesariamente estaban destinadas a ser grabadas en el mármol o en el bronce. Su soporte era el papel.

Sin dudas, el tema del epitafio es atrapante, un tema que sorprende e interesa. Pero que quedó “atrás” en el tiempo. Como muchas otras cosas.