CORREO DE LECTORES

COMENZARON LAS CLASES

Escrito por:
María Rosario Echeverría

Tengo entre mis manos un ejemplar del libro “Puñado de emociones”, 36ª. edición, nada menos que de don Héctor Gagliardi, prologado nada menos que por don Alberto Vacarezza.

Su contenido es realmente imperdible.

Entre lo mucho y lindo que leí allí está este trozo que Gagliardi tituló “Escuela” y que me permito compartir desde aquí con todos ustedes, ante el inicio del año lectivo.

Nos dice esto:

ESCUELA

Pintada estaba de blanco con un escudo en la frente,

embanderada de cielo, como una dulce canción,

la escuelita de mi barrio, del tiempo del “SUFICIENTE”,

del jarrito de aluminio y del negro pizarrón.

No me olvido de sus recreos, en que jugaba al rescate,

ni de la buena maestra del primer grado inferior,

que aturdíamos a coro al repetir: “TELA Y MATE”,

y el “te la sigo en la calle” que le dije al monitor.

¡Escuela,

escuela mía,

hoy que comprendo cuánto valés!

¡Escuela

cuánto daría

por ser de nuevo pibe otra vez!

Te traigo

lo que me queda,

la mala vida me marchitó. . .

Te ofrezco

la escarapela,

descolorida del corazón.

Ya no tengo más a nadie que me tire las orejas

por copiarme algún problema “que no podía sacar”. . .

¿Dónde estarán los cuadernos que me forrara la vieja. Y la letra con “sombrita” que me hacía mi papá?

Era la vida tan pura como la Salve Argentina,

la canción de aquellos tiempos, que yo no he vuelto a cantar. . .

Y al mirar los guardapolvos formando rueda en la esquina,

me acuerdo de tantas cosas, que me pongo a lagrimear. . .”

No dudo que, como lo dice don Alberto Vacarezza, a Héctor Gagliardi, sencillo y tierno evocador de nuestros primeros pasos, sin caer en demasías, bien podría llamársele: “El cantor de la niñez”.