CORREO DE LECTORES

EL LÁPIZ

Escrito por:
María Rosario Echeverría

El compañero de alma negra


En tiempos como este, en que encaramos el comienzo del año escolar, toma gran relevancia su existencia. 

El lápiz es un instrumento de escritura interesante, podríamos decir que su cualidad es que permite reflexionar sobre lo escrito, borrar y volver a escribir.

El grafito que contiene se conoció en Inglaterra en 1564 y, al principio, se lo utilizaba en delgados trozos envueltos para preservar las manos de su contacto. Luego se comenzó a insertarlos en varillas de madera ahuecadas a mano.

En 1794, el químico francés Nicolás Conte desarrolló un proceso en el cual, al mezclar el grafito con arcilla, lo podía hornear como una cerámica con lo que evitaba el corte manual y reducía los sobrantes. Y como ventaja adicional, podía modificar las proporciones de los componentes para conseguir lápices de distintas durezas, aptos para diferentes usos.

En 1812, el estadounidense William Munroe, perfeccionó el proceso y en 1861, el alemán Johann Eberhard Faber abrió en Nueva York la primera fábrica de lápices en gran escala. Mientras tanto, desde principios de ese siglo se fueron desarrollando distintos modelos de portaminas y, en 1877, se patentaron los primeros con resortes.

Tiene el lápiz una “pariente” estupenda. Es la lapicera. Hace milenios, la necesidad de crear registros perdurables, especialmente de transacciones comerciales, llevó al hombre a desarrollar instrumentos para escribir. Aún hoy las lapiceras son indispensables.

La gran resistencia al desgaste del iridio, lo hace el material preferido para la punta de las plumas.

Se atribuye a los antiguos chinos la creación de la tinta, que usaban para escribir con pinceles y a los egipcios, el antecedente más antiguo de una lapicera.

Se trataba de un trozo de caña hueca con la punta afilada que se introducía en un recipiente con tinta para hacer que, por capilaridad, esta se adhiriera en el interior y luego, mediante una ligera presión, bajara al papiro. A estos instrumentos se los conoce porque así se llama el extremo hueco de las plumas de ave que, más tarde, en Occidente, reemplazaron al utensilio egipcio como elemento de escritura. Estas fueron populares desde el siglo IV hasta comienzos del siglo XIX, aunque no eran sencillas de utilizar: el escribiente debía ir manteniendo su punta en buen bisel con frecuentes cortes de navaja y, según dice el calígrafo español Juan de Iciar (c. 1515-1590) en su manual de escritura: ‘‘se ha de tener en la mano y menear escribiendo”.

La Parker 51 es considerada la lapicera más popular de todos los tiempos. Se llama así porque la compañía cumplía los 51 años de existencia cuando comenzó su desarrollo, en 1939. Salió al mercado dos años después y, en varias versiones mejoradas, se fabricó hasta 1972. Fue usada, por ejemplo, por el general McCarthur para firmar la rendición japonesa en la Segunda Guerra Mundial.