CORREO DE LECTORES

UN PERFIL DE FRANCISCO RAMÍREZ

Escrito por:
María Rosario Echeverría

Nació en Concepción del Uruguay (originariamente Arroyo de la China), en 1786, hijo de un comerciante del Paraguay y de Tadea Jordán (casada luego, en segundas nupcias, con un general de apellido López con quien tuvo a Ricardo López Jordán). Muy joven se unió a las fuerzas de Artigas y también luchó contra los portugueses en Brasil.

En 1819, Carreras y Alvear lo convencieron para unirse contra el Directorio, cuya situación era muy difícil, debido a la política porteñista que venía impulsando que, evidentemente lo hacía impopular en el resto del país.

López interceptó por la fuerza una carreta con suministros del gobierno, que atravesaba Santa Fe, a cargo de Marcos Balcarce. Al santafesino lo apoyó Ramírez argumentando que peleaban para eliminar la tiranía del gobierno, restablecer la libertad popular y la igualdad de los ciudadanos.

Se inició una guerra de guerrillas de las provincias del Litoral contra Buenos Aires.

Comandaron Ramírez y López el ejército federal que derrotó a Rondeau en Cepeda (11 de febrero de 1820). Con hidalguía Ramírez calmó a los porteños aterrorizados que ya veían a su capital sucumbir, como la antigua Roma a manos de los bárbaros.Poco después se firmaría el Tratado del Pilar que señalaba el triunfo de las autonomías provinciales sobre el predominio de Buenos Aires.

Poco había de durar la alegría: muy pronto Ramírez (que mantenía su deseo de desalojar a los portugueses) se transformó en un obstáculo para López y Martín Rodríguez que lo veían como un impedimento para la reorganización nacional.

La alianza del Supremo Entrerriano con Carrera terminaría en un fracaso.

Antes del fatal 1831, le quedó tiempo para proclamar, en El Tala, la República de Entre Ríos y sentar las bases de nuestra modernidad.

Ante la declaración de guerra entre porteños y santafesinos, el “Pancho” festejó la noticia con un baile. Ya estaba jugado: confiaba en la suerte, en el amor de su ejército, que no le bastaría.

Sólo él, eterno enamorado, quedaría en Arroyo Seco para rescatar a su Delfina (capturada por los enemigos).

El gesto le costó la vida. La cabeza fue enviada a Estanislado López que la exhibió en el Cabildo. Ni siquiera tenemos un retrato auténtico del Supremo Entrerriano, sólo nos queda imaginarlo con su aire de Dios de leyenda, construyendo su Entre Ríos soñado.