CORREO DE LECTORES

NACIÓ LIONEL...RENACIMOS NOSOTROS

Escrito por:
Pablo Sánchez

    El 28 de diciembre fue el último día que trabajé, a partir del 1° de enero fui un jubilado más. Pasaron algunos días y la sensación de desánimo que marcaron mi alejamiento de la municipalidad después de casi 47 años, comenzó a hacerse sentir. Aunque compartía la alegría de mi familia por tenerme en casa. Hasta que llegó el “día” esperado durante 9 meses. Nació Lionel Kenay.

El brillo en los ojos de mi señora y mío se hizo más intenso, tanto que se transformaron en pequeñas gotitas de felicidad, que buscaban salir, opacando nuestra visión. Lionel es aquel a quien le hablábamos cuando estaba en la panza de su mamá Rosario, que esperábamos ansiosos junto a su papá Daniel, mi hijo menor, y ahora estaba con nosotros: un capullito pequeñito, hermoso. Que rebasaba nuestro corazón de felicidad. ¡Cuánta ternura por Dios!

 ¡Cuánta pureza en ese bebé, -nuestro nieto!. Aún ahora que estoy escribiendo hay algo que molesta en mis ojos, y me impiden seguir. Es que revivo ese momento tan hermoso, tan humano y tan divino. Lo abrazamos, lo mecimos y en muy baja voz, para no despertarlo, cantamos “Mi bebé, mi bebé, que lindo que lindo que es...” .

Renovamos la emoción que sentimos al nacer nuestros hijos. Abrazamos a los papás. Y dimos gracias a Dios por ese regalo de vida tan grande. No hay nada igual. Sé que los abuelos me entenderán, especialmente Tití, la abuela materna de Lionel.

Hace algunos día una chica me ofreció renovar “el seguro de vida”. Sí le dije, pero eso no es un seguro de vida, yo no lo voy a ver siquiera; mi seguro de vida, son mis hijos, mis nietos, los que están y los que faltan venir, porque en ellos seguiremos viviendo, nuestra vida se prolonga en ellos. “El abuelo jugaba conmigo, el abuelo me daba caramelos escondido de mamá”, “Papá y mamá me contaban que los abuelos me querían mucho, muchísimo, tanto que cuando nací lloraban de alegría y cualquier cosita que me pasaba, ellos eran los que más preocupaban”. Por eso, insisto, no hay seguro de vida más lindo y verdadero que los hijos...los nietos.

Me dan ganas de seguir contándoles el milagro más grande que se produjo en nuestras vidas.

“La abuela limpia la cuerda antes de colgar su ropita, compró broches para usarlos únicamente con la ropa de su nieto, y su sonrisa como la mía se ve más plena, más alegre” y yo por lo menos, la veo más linda y todo porque los nietos agrandan nuestra capacidad de amar y de seguir, con ese maravilloso milagro que es el nacimiento de un hijo o un nieto, en este caso el nacimiento de Lionel.

PD. No manden baberos para los abuelos, no dan abasto, mejor unos toallones.