CORREO DE LECTORES

VENEZUELA: EL VERDADERO ROSTRO DE PODER PÚBLICO

Escrito por:
Ricardo Monetta

Juan Guaidó es el producto de un proyecto de una década de adiestramiento supervisado por los entrenadores de élite de Washington para cambios de gobiernos que no le son afines al “imperio” americano. Mientras se hace pasar por un campeón de la democracia, ha pasado años al frente de una violenta campaña de desestabilización.

Antes del fatídico 22 de enero, menos de uno de cada cinco venezolano había oído hablar de Juan Guaidó. Hace solo unos meses atrás, este hombre de 35 años, era un personaje oscuro en un grupo de extrema derecha políticamente marginal, estrechamente asociado con actos espantosos de violencia callejera de desestabilización. Incluso en su propio partido, Guaidó había sido una figura de nivel medio en la Asamblea Nacional, dominada por la oposición, que ahora se encuentra en desacato según la Constitución Venezolana. Poco después de una llamada telefónica de Mike Pence, Vicepresidente de los EEUU, Guaidó, siguiendo las instrucciones, se autoproclamó a sí mismo como presidente de Venezuela. Así fue como un político desconocido fue trasladado al escenario internacional como el líder seleccionado para presidir de facto, al país con las más grandes reservas de petróleo del mundo.

Si bien Guaidó parecía haberse materializado de la nada, él era, de hecho, el producto de más de una década de asidua preparación por parte de las ‘‘fabricas” de élites dedicadas al cambio de régimen ordenadas por los EEUU. Junto a un grupo de activistas estudiantiles de derecha, Guaidó fue entrenado para socavar al gobierno de Venezuela y para desestabilizarlo con el fin de que a través de un “golpe” de Estado interno, tomar el poder. Diego Sequera, periodista y escritor venezolano afirma: ‘‘Guaidó es más conocido en los círculos elitistas de Washington que en su país.

‘‘Su partido no reúne más del 20% de los votos y siempre fue marginal y violento. Por esta razón es que Guaidó fue seleccionado por Washington porque en realidad no se espera que tome el poder en forma democrática, sino que derrumbe a un país que es codiciado en todo el mundo. El gobierno de Trump elevó a Venezuela a la cima de los países a conquistar en esta nueva “fase” de guerra fría comercial contra China, Rusia e India. EEUU también participó en un complot con el nombre código ‘‘Operación Constitución”, para capturar a Maduro en el Palacio Presidencial de Miraflores y otro llamado “Armagedon” para asesinarlo en el desfile militar de Julio de 2017, igual que una vez, la Guardia Nacional Egipcia asesinó a Anwuar el Sadat en pleno desfile con militares cooptados por la CIA. También intentaron matar a Maduro con drones cargados de explosivos durante un desfile militar en Caracas.

El 5 de octubre de 2005, con Chávez en el poder, cinco líderes estudiantiles venezolanos llegaron a Belgrado, antigua capital de Yugoslavia, ahora Serbia, para recibir adiestramiento para una insurrección. Los estudiantes habían llegado de Venezuela por “cortesía” del Centro de Acción y Estrategias no Violentas Aplicadas. Este grupo se financió por la National Endowment for Democracy, un apéndice de la CIA, que funciona como el brazo principal del gobierno de EEUU para promover cambios de gobiernos que no le son afines al “imperio yanqui”.

Estas células de especialistas en “cambio de régimen” operaba de acuerdo con las teorías del difunto Gene Sharp, un exanalista de Inteligencia del Ministerio de Defensa. Y para concebir el plan estratégico para una forma de guerra híbrida, le confirió armas a la protesta y que apunta contra los estados que se resisten a la dominación de EEUU.

Guaidó, por último ayudó a liderar mitines antigubernamentales en distintos países para demostrar su capacidad de aprendizaje en maniobras de desestabilización.

Es decir en síntesis, que Juan Guaidó no es un “inocente” ciudadano venezolano atacado por un arranque democrático como si fuese el salvador de la patria.

Todo lo expresado anteriormente está documentado en textos de Wikileaks de indudable valía periodística.

Como diría un viejo periodista: ‘‘Es más fácil engañar a la gente, que convencerla de que la han engañado”...