CORREO DE LECTORES

Fecha de emisión de correo de lector: 4 de Febrero de 2019

SU MAJESTAD EL ROMANTICISMO

Escrito por:
María Rosario Echeverría

Y sí, cada mes del calendario tiene “lo suyo”. Febrero no escapa a tal cosa. Quizá uno de los puntos que lo distinguen es que es “cortito”, no llega a sumar 30 ni 31 días. Además, encierra encanto, atracción, preferencia entre muchos seres humanos. Seducción que esté ligada de modo especial al carnaval con su jolgorio, sus brillos, sus desfiles impactantes de comparsas, de murgas, de máscaras sueltas configurando gran deleite para jóvenes, no tan jóvenes y niños. Y en nuestra hermosísima zona litoral está vinculado a la realización magnífica de variadas fiestas y festivales, nacionales o no, pero, al fin y al cabo, todos exitosos y ponderables. Asimismo hay un detalle que lo perfila como un mes distinguido, especial. Encierra en su haber nada menos que el “Día de los enamorados”, el 14, día de San Valentín.

Creo es un mes que “nos llega” hondo a todos porque me resulta muy difícil pensar que cada uno de nosotros, aunque sea fugazmente, no estuvo alguna vez -o está- enamorado; de allí entonces que febrero nos gusta mucho porque nos trae a la memoria vivencias que se hicieron inolvidables y que acariciamos dulcemente porque se refieren con precisión a ese sentimiento tan noble y puro entre el hombre y la mujer que no es otro que el amor, ese que nos mueve a repetir: “es sabido que aunque no responda científicamente a la verdad, el corazón ha sido considerado el órgano que origina los sentimientos, sobre todo el del amor”. ¿Cómo no recordar también que febrero vio nacer a dos grandes románticos de todos los tiempos? Uno, Gustavo Adolfo Bécquer.

El otro, Federico Chopin. Creo vale traerlos a nuestro recuerdo mientras transitamos febrero. Nació Bécquer en Sevilla el 17 de febrero, de 1836 y murió en Madrid en 1870. Su verdadero nombre era Gustavo Adolfo Domínguez Bastida. Nacido quinto entre ocho hermanos, falleció su padre cuando contaba sólo 5 años. A partir de allí su madre se entregó con admirable dedicación a la dura tarea de bien educarlos a sus vástagos. De notable pluma nos legó un centenar de “Rimas”, varias “Cartas desde mi celda” y una larga serie de leyendas como “El monte de las ánimas’’ y “El miserere”, en muy bonita prosa poética. Incursioné en el periodismo, pero con relativo éxito. Su vida amorosa fue plena de romances, que duraban poco, pero que tenían intensidad romántica, los cuales daban cuerpo a poemas y dibujos con que solía halagar a sus amadas. Se casó, tuvo tres hijos varones, pero no encontró en el matrimonio una auténtica y firme felicidad. Durante su existencia tan sólo llegó a ver publicados quince poemas y fueron sus amigos quienes sacaron a la luz su obra después de un año de su muerte. Las “Rimas”, de una intimidad conmovedora, son quienes le han dado brillante fama demostrando particularmente la exquisita sensibilidad de quien fuera considerado el poeta más representativo del Romanticismo español. Respecto de Federico Chopin, reconocido por su vida y su obra como la encarnación del espíritu romántico del siglo XIX, nació en Zelazowa-Wola, cerca de la capital polaca, Varsovia, el 22 de febrero de 1810 y falleció, en París el 17 de octubre de 1849. Ya a los 9 años era admirado, como pianista siendo su virtuosismo sólo comparable en su época al del húngaro Franz Liszt y también aplaudido prontamente por su delicadeza genuinamente romántica. En 1831 se trasladó a París donde frecuentó círculos aristocráticos musicales y de polacos na-cionalistas emigrados.

El conjunto de su obra pianística comprende 55 mazurkas y 13 polonesas, influidas por la música popular polaca; 27 estudios, que-traspasaron su inicial finalidad pedagógica para convertirse en auténticas joyas del arte musical; 24 preludios, con geniales improvisaciones; 19 nocturnos; baladas, impromptus, valses y scherzos así como dos conciertos para piano, sus únicas composiciones orquestales. Su vida amorosa fue intensa destacándose su romance con la escritora George Sand, seudónimo de Aurore Dupin, con la que vivió una apasionada relación en la cartuja mallorquina de Valldemosa. Encontrándose enfermo de tuberculosis, regresó más tarde a Francia, registrando su vida momentos alternativos de actividad fecunda y singular postración, resintiéndose entonces su inspiración musical y reduciéndose sus actua- ciones en público. Bécquer y Chopin, dos vidas breves, dos grandes expresiones del arte, dos brillantes románticos íntimamente ligados al mes de febrero por su nacimiento, nos mueven a la ponderación mientras disfrutamos de su obra.