CORREO DE LECTORES

JUNTOS, SIEMPRE JUNTOS, DESDE AQUELLOS JUVENILES DÍAS...

Escrito por:
Rosa Araujo de Giacobino

Nos vamos a referir a Nora Martínez y a Eduardo Vidal Soler. Imposible recordar solo a uno de ellos, pues fue una pareja muy unida, compañera, sociable y además de una bella presencia que llamaban la atención.

Recuerdo a la mamá de Nora, no solo hermosa sino también muy coqueta, y así era su hija Nora.

Debe haber sido, mi amiga una de las mujeres más bellas que tuvo Concordia y con un excelente gusto para vestir y su esposo Eduardo, tratando de hacer juego con la vestimenta, según la ocasión. Conocí a Nora en la escuela secundaria creo que fue en Primer o Segundo año a la tarde en la escuela Normal Domingo Faustino Sarmiento.

Yo salí de gimnasia, coincidía con los días que ella salía de su último año de Magisterio.

En cuanto llegaba a la puerta de salida del establecimiento se transfiguraba, dejaba en libertad su hermosa cabellera, que previamente sacaba el espejito y el peine y además el cinturón de convertirse en un moño en la parte posterior para ajustarlo delante como era habitué lo contado, siempre le decían, espejito, espejito.

Eduardo vivía son su familia desde muy pequeño en Pampa Soler, él y su hermano Guillermo, ya jóvenes y apuestos muchachos con la estirpe de ser bisnietos de Don Justo José de Urquiza, comenzaban a frecuentar salones bailables, en especial el que estaba ubicado en Pellegrini y 1º de Mayo, se veía bailar, allí, frecuentemente a nuestra pareja protagonista muy enamorados.

Recuerdo el día en que Eduardo llevó a Nora a presentarla a sus padres, iban con uno de los hermanos de ella, también llamado Eduardo.

Llevaba una amplia pollera, como se usaba y el cabello recogido con dos moños en sus costados, zapatos bajos sin tacos porque era alta.

Se casaron un tres (3) de febrero y lo hicieron precisamente ese día, porque fue la fecha del gran éxito militar de su bisabuelo Don Justo, pero contrajeron nupcias en Buenos Aires ya que en Entre Ríos era feriado.

Norita era sumamente trabajadora, ordenada, se daba tiempo para todo, especialmente en las reuniones sociables y la pareja era infaltable a la Asociación Justo José de Urquiza de Concordia, a la de Buenos Aires u otras ciudades, así también a los actos patrios en la Plaza Principal.

Tuvieron cinco (5) hijas hermosas y como lo habremos dicho en otro artículo, las crio en forma severa, pero igual ellas amaban a su madre y estaban orgullosas de ella.

Sabemos que en algún momento de nuestras vidas tenemos que partir, sin embargo en algunas personas uno no concibe esta premisa.

Y aun teniendo dinero para adquirir los remedios de muy elevado costo y fuera del país, hay enfermedades que no se las pueden vencer.

Un quince (15) de octubre partió Nora y aún hoy a la fecha, no puedo recuperarme de esa realidad.

Lo único que me consuela es recordar nuestras prolongadas charlas telefónicas y que está junto al compañero de toda su vida.

Con la partida de los dos (2), perdí una parte importante de mi familia, pues fueron incondicionales conmigo en todos los aspectos.

Mi gran deseo, es que estén con Dios.