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EL OLVIDO O EL EXILIO DE LA MEMORIA

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¿Cuánta memoria resiste una sociedad? ¿Es acaso posible hacer una crítica despiadada del ciclo político anterior dirigiendo la mirada cargada de prejuicios y resentimientos hacia el pasado reciente, pero al precio del inmediato olvido, de ese otro pasado algo más lejano, del cual es hijo el proyecto actual? ¿Es acaso el olvido un recurso para seguir viviendo, que nos alivia de nuestras pesadillas como sociedad? ¿Puede el discurso dominante sostenerse entre lo coyuntural y lo acontecido, o necesita abandonar por impropio cualquier referencia al pasado, en especial a aquellas prácticas de gobiernos socialmente terribles como las que definieron la economía del país hasta el 2003?

Se esfuman en la memoria las imágenes de aquellas crisis de finales del siglo XX y al mismo tiempo se convierte en el núcleo absoluto de vivencias y sensaciones que no pueden o no quieren mirarse en el espejo de esa otra época, donde se corrompieron en el interior de una vida social dañada.-Quizá el peso de lo traumático, la oscura ofensa que atraviesa el alma de muchos compatriotas, el deseo de no mirar hacia atrás para no hundirse en la culpa de las complicidades diversas... Es comprensible y justificable que quien ha sufrido un daño en su vida intente borrar ese recuerdo angustioso.-

Es cínico e hipócrita que quien haya sido responsable de ese daño, se dedique a borrar toda referencia que lo comprometa.

Es doloroso y preocupante que los dañados se dejen convencer por quienes buscan sustraerse a su responsabilidad política, ideológica y económica.-

Olvidar, ese parece ser el reflejo inmediato de una parte significativa de la sociedad.-Olvidar una vez más, para desresponzabilizarse, para proyectar todos los males bien lejos en el mismo instante en que como en otros tramos de nuestra historia, buscamos arrojarnos en las supuestas aguas purificadoras del virtuosismo republicano sin siquiera percibir que terminamos por precipitarnos en la noche de la dictadura o en el vaciamiento de la vida democrática.-Olvidar para despojar a la historia reciente de su papel inequívoco y decisivo a la hora de rescatar a un país desmadrado y en pleno default hacia una carrera autodestructiva impulsada entonces por quienes hoy en el poder se ofrecen como salvadores de la Patria.-Olvidar para distanciarse de sus propias opacidades, esa zona gris por la que circula la moral “real” de aquellos que se desgarran las vestiduras ante el supuesto vaciamiento de la República, mientras que ocultan la expoliación que realizaron y realizan del ahorro de los argentinos regresando a prácticas económicas que solo beneficiaron a las grandes corporaciones.-Olvidar para limpiar la memoria de todo aquello que incomoda la buena conciencia de quienes nunca acabaron de abandonar esa tradición prejuiciosa, colonizadora y que se asume con rasgos sorprendentes de alquimia neoliberal y neoprogresismo reaccionario.-

Pero no se olvidan de ensañarse con la denominación peyorativa de “populismo”, hacia quienes se “atrevieron” a una mayor distribución de la riqueza, ocultando la responsabilidad de las corporaciones económicas representadas impúdicamente por los principales funcionarios del gobierno actual.-Su novedad consiste en que ahora la administración y gestión de la República ha quedado en las manos de sus verdaderos dueños (los poderes fácticos y económicos).-Algunos pretenden comparar las épocas.-Extraña paradoja de una gran parte de la clase media a incursionar en el ejercicio de la repetición.- Fue esa clase media que enloqueció de pánico, cuando comenzaba el siglo XXI, ante la certeza de la caída en el abismo de la indigencia económica cuando toda la idea de futuro había sido devorada por un presente que orillaba el camino de los infiernos.-Estoy hablando de esa misma clase media que a partir del 2003 inició una sistemática recuperación, y que ahora cuando el tiempo ha hecho su trabajo de limpieza y olvido, critica salvajemente a un gobierno que implementó el giro político y económico que le permitió recuperarse de sus terrores y de sus indigencias materiales y morales para abrazar ahora la estrategia de quienes volverán a someterla.-

Hoy, cuando la niebla de la Historia se entromete entre el pasado aciago y el presente tenebroso, se siente empachada de un olvido reparador a través del cual supuestos eruditos salidos de la Educación Privada, nos inician en cada aparición mediática cómplice, cual si fuera un Sermón de la Montaña, que este es el único camino para salvar a la República de las hordas de la “grasa militante” según Prat Gay.-

El deseo de la repetición de la historia anida en la subjetividad de muchos argentinos.-Una subjetividad que no ha querido, o no ha sabido desprenderse de las impregnaciones que como país venimos arrastrando desde 1810.-

Cuando vuelven a triunfar los dominadores de siempre, lo que queda atrapado es la amenaza de la repetición.-La Historia no miente. Los que mienten son los que malinterpretan la Historia para favorecer el discurso dominante.-