CORREO DE LECTORES

14 de septiembre: Día del Cartero

Escrito por:
Pablo Sánchez

¡CARTEROO, CARTEROOO...! Carta de Buenos Aires Doña María. De su hija.

Hola Don Carlos, llegó carta para usted, seguro que llega la patrona. Y así ese hombre casi siempre vestido de azul llegaba a todos los hogares. Con confianza, anticipando de algún modo las noticias que llegaban envueltas en un sobre blanco.

En él figuraba el nombre del destinatario y del remitente. Quizás para los más jóvenes este sea un lenguaje pasado de moda, aunque aún se siga usando. Porque la compu, el celular, la tablet reemplazaron, no solo al teléfono, también a las ansiosamente esperadas cartas.

“Hola ¿cómo están?, nosotros bien gracias a Dios. Esperemos que ustedes se encuentren del mismo modo”. Palabras más, palabras menos, así se comenzaba a redactarse “la misiva”, es decir el contenido de la carta.

Casi siempre eran noticias familiares, de amigos. Que acortaban las distancias que nos separaban de ellos, provocando nostalgias y ganas de verlos.

Por eso el cartero era tan esperado como bienvenido. Sabíamos el día y más o menos la hora en que vendría, entonces todos poníamos atención a su “familiar grito”, “Car... tero” y siempre alguno estaba encargado de avisar su llegada o recibir ese blanco rectángulo de papel tan preciado para nosotros. Eso sí, al sobre solo lo abría el destinatario, o sea casi siempre mamá, que era quien se “carteaba” con sus hermanas. Estaba prohibido manar dinero en el sobre.

¡Gracias cartero! Hombre cargado de un inmenso bolso, repleto de esos sobres tan ansiados. Cuántas alegrías nos dejabas y también cada tanto alguna tristeza, porque la carta traía buenas y malas noticias.

Las cartas eran “expresos” la que sellaba el sello más caro, pero llegaba supuestamente en 24 horas. “Certificada” que demoraba dos o tres días y era por su precio la más usada y por último la más económica, “la simple” cuando un chico preguntaba, “mamá ¿la mandás certificada?, no hijo, simple nomás total no lleva ninguna noticia importante”... era la que más demoraba, tanto, que algunas de esas cartas, después de tantos años aún no llegaron a destino.

Bueno esto es una exageración, pero quiero provocar una sonrisa, para que al recordar al “Cartero” renueve en nosotros esa “antigua y emocionante costumbre de recibir una carta”. Hoy en el buzón solo encontramos “sobres con cuentas a pagar”.

El tiempo ha pasado pero ese familiar y esperado grito “Cartero...” sigue resonando como un eco interminable. Se lo oye tan lejos, como llegaban las noticias, envueltas prolijamente en un esperado y sagrado sobre blanco.

¡A los carteros, mensajeros de noticias familiares ¡Feliz Día! Los recordamos con cariño.