CORREO DE LECTORES

LA ENERGÍA ES PODER ECONÓMICO Y POLÍTICO

Escrito por:
Ricardo Monetta

(Primera parte)


Desde los tiempos primitivos, cuando los hombres se peleaban por la tenencia del fuego, la energía recorrió un camino milenario para transformarse en un elemento fundamental en el desarrollo de las civilizaciones. Fue entonces durante la Revolución Industrial en el siglo XIX que empezó a convertirse en el punto de inflexión para la producción capitalista que se expandiría por todo el mundo. Así los combustibles fósiles, carbón primero, el petróleo y el gas después, seguido de otras no convencionales como la nuclear, hidroeléctrica, eólica, etc, fueron los instrumentos de que se valió el mundo para crecer en forma ininterrumpida.

Nuestro país no estuvo exento de ese crecimiento a partir de que se descubrieran los yacimientos de petróleo en Comodoro Rivadavia, allá por los inicios del Siglo XX.

Lógicamente que las políticas de hidrocarburos estaban atadas a los vaivenes de la política según quien estaba en gobierno. Así es que en todo el mundo las relaciones internacionales estaban vinculadas a apropiación y explotación de los combustibles, llegando incluso a desatar innumerables guerras colonizadoras injustas para apropiarse del “oro negro”, como las que desató Francia en Argelia y Libia, EEUU, en el Golfo Pérsico y en Irak, Inglaterra en Sudáfrica y en el Congo, etc.

Nuestro país también sufrió los avatares de las políticas petroleras incluyendo al Gral. Perón en contratos obligados por EEUU. con la Standar Oil. Más adelante, Arturo Frondizi impulsando su “desarrollismo” político suscribió contratos con empresas pertenecientes a las llamadas “siete hermanas” que merecieron un arduo debate parlamentario. Más tarde, uno de los más honestos presidentes que tuvo la Argentina, Arturo Illia, anuló esos contratos desventajosos para la Argentina y que junto a la Ley Oñativia de los Medicamentos, en contra de los laboratorios internacionales, le valieron su derrocamiento por el Gral. corporativista Juan Calos Onganía. Y si seguimos tirando del “hilo” de la Historia, llegamos a la primera entrega de un gobierno nacional a las ‘‘fauces” del neoliberalismo, como lo fue el de Carlos Menem, que introducido en el “Caballo de Troya” del peronismo se dedicó a la entrega de las principales empresas del país a precio vil, entre las cuales está Repsol, que nunca invirtió en nuevos pozos de petróleo, sino que se dedicó a una explotación al máximo de los ya existentes y fugar las ganancias al exterior.

Luego en el 2007 se produjo durante el kirchnerismo la reestatización, quedándose el gobierno con el 51% de las acciones, más la acción de oro. Llegamos a la situación actual donde todavía no hay decisiones de inversión extranjera por una sencilla razón: Argentina por la naturaleza de su gran endeudamiento externo no posee capital para una inversión que lleva tiempo obtener dividendos. Para quienes no lo saben, hace dos semanas la Royal Duth Shell dio a conocer su pronóstico sobre el futuro del consumo energético mundial.

En el mismo augura que la producción de petróleo dejará de crecer hacia 2030, mientras que la de carbón será marginal. Mientras que aumentará la demanda de gas y energías limpias (eólica, solar, geotérmica).

Por eso el “gigante” del Mar del Norte (Shell) está invirtiendo en la producción natural de Gas Licuado y ha puesto pie en la comercialización de electricidad. Hace poco Shell presentó a sus inversores en Londres y Nueva York un informe donde dice que recién en 2028 el mercado de autos eléctricos llegará a solo un 10% en el mundo. Lo cual les da un plazo interesante para seguir haciendo negocios (y guerras) a las multinacionales del petróleo.

El bajo nivel de los precios hacen que se dediquen a asegurarse de las reservas ya existentes para tenerlas disponibles para cuando crezca la demanda del mercado. En la Argentina existen muchísimos pozos explorados y sellados esperando un mejor momento internacional. Mientras tanto las compañías, buscan diversificar sus inversiones para preparar la transición de modelo energético.

En la Argentina, la producción de petróleo y de gas sigue bajando por segundo año consecutivo y ya se encuentra a nivel de 1981, o sea un 40% por debajo del máximo alcanzado en 1998. Hay que saber que la producción de hidrocarburos en nuestro país es a través de concesiones, porque las reservas petroleras, no son de las empresas, sino de propiedad pública, según la Ley 26197 y la Constitución Nacional. (Hay que leerla). Las empresas petroleras extraen el fluido y el gas y lo procesan. Por lo tanto el precio del Gas Natural en boca de pozo debe ser el resultante, del costo de extracción, más la amortización de las inversiones, así como la de una rentabilidad razonable para el concesionario que lo extrae.

¿Por qué será que el ex-Ministro de Energía declaraba en la Bolsa de Valores de Nueva York (donde no se puede mentir) un precio y en la Comisión de valores de Bs.As. otro precio? ¿Quién se quedaba con la diferencia?

En el año 2017 YPF, el mayor, todavía, productor de Gas del país, informó a la Comisión de Valores de Nueva York que el costo promedio de producción de Gas Natural era 1,90 dólares por millón de BTU, y ¿por qué el Gobierno Nacional de Macri fijó el precio en 4,69 dólares por millón de Btu?

                                                                                                                                                                         Esta acción de Aranguren en su momento hace que los argentinos paguemos una tarifa de gas más cara del mundo según se mira en los países consumidores, incluso en los que no lo producen.