CORREO DE LECTORES

¡A seguir adelante, Club del Tango “Concordia”!

Escrito por:
María Rosario Echeverría

Como real “enamorada” de nuestra música tanguera, por estos días me enteré, y alegré mucho también, del lindo impulso que se le está dando a esta señera institución concordiense. Hace ya varios años viví de cerca su amanecer y el apogeo que ofreció a nuestra ciudad. Luego, como suele suceder con las instituciones, decayó un tanto su actividad. Ahora, de la mano de entusiastas tangueros, encara una nueva etapa de su vida, etapa que deseo sea, de verdad, hermosa y ponderable. Le va a hacer muy bien a nuestra ciudad y al tango.

Casi en simultáneo tuve oportunidad de leer una nota que me gustó mucho, integrando el Nº 134 de la publicación “El pregón de San Cristóbal”, de febrero de 2001, titulada “ En el 40’ ” y que aquí transcribo como sumándome a este muy buen tiempo tanguero de Concordia. Dice así:

“La década del 40’ fue el gran momento del tango, la época de las grandes grabaciones de Aníbal Troilo, que desde julio de 1937 contaba en su orquesta con un cantor de lujo, Francisco Fiorentino, el inolvidable “Fiore”, con el que se lució en el escenario del cabaret “Marabú”, en la calle Maipú al 300.

En 1944, Fiorentino se separa de Troilo para formar su propia orquesta. Sus versiones de “Tinta roja” y “Barrio de Tango”, con la orquesta de Pichuco, sin embargo, serían difícilmente superadas con el tiempo.

También fue la época de un compositor notable, Mariano Mores, de cuya lírica imaginación surgieron melodías inolvidables, como “Cuartito Azul”, “Uno”, “Cafetín de Buenos Aires” (estos dos últimos escritos con Enrique Santos Discépolo), “Taquito Militar”, entre otros más. Fue época de grandes bailes (en los que brillaban especialmente las orquestas de Canaro y D’Arienzo), época de milongas, de concursos de tango en los auditorios de las principales radios, y las orquestas se alternaban en los barrios.

En los años 40’ el tango lo invadía todo: desde los cabarets del centro hasta los más tradicionales clubes de barrios. Pero haciendo una pequeña reflexión, el tango comenzó a morir un poco cuando comenzaron a surgir los grandes cantores. El tango, como dicen los que saben de esto, fue siempre para bailar pero cuando empezaron a subir al palco, los carilindos cantores, las mujeres dejaron de bailar para escucharlos y verlos en persona.

Allá por 1900 el tango se bailaba en los salones, en los patios, o simplemente en las calles, en fin, donde se los podía bailar y disfrutar. No es que se quiera decir que los cantores hicieron pasar a un segundo término a las orquestas, pero algo de eso hay.

Luego comenzó otra época donde se impuso la música melódica, las centroamericanas, los conjuntos de música moderna y el tango comenzó a languidecer, al punto de casi desaparecer del repertorio de las radios, tampoco las compañías discográficas se ocuparon del tema y, con el tiempo, parecía que el tango estaba renaciendo, pero sólo en reductos para oírlo; el tango aunque parezca raro, es más escuchado en Europa, Japón y en algunos países centroamericanos que en nuestro país”.

Hasta aquí mi modestísimo “aporte tanguero”.

Reitero mi satisfacción ante los nuevos pasos del Club del Tango “Concordia” y acerco mis mejores deseos. Esta música merece todo el apoyo de los argentinos.