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CORREO DE LECTORES

NIÑOS O ADULTOS

Escrito por:
Chispita

Hace casi un año cuando lo conocí.

Estaba en mi vereda, casi anocheciendo, tratando de rehacer la bolsa de residuos que al rato de sacarla estaba rota, desparramado su contenido.

Una voz algo mandona, nada acorde a un chiquito risueño, dijo: “Abuela, espere, no se agache, yo lo hago!”

Tomó la escoba, la palita y mientras protestaba por los perros callejeros y los recolectores que demoraban en su camión municipal, hizo el trabajo.

Claro, yo no necesito mucha “invitación” para hablar... pero él tampoco! Y mientras agradecía preguntaba: si iba a la escuela, cómo se llamaba, dónde vivía, cuántos años tenía, propio de una persona mayor frente a una menor...

Respondió todo con mucha educación, gracioso, inteligente y se despidió sin aceptarme más que uno o dos caramelos, a pesar de tener que tomar el colectivo, venía de comprar cosas para la escuela (“Qué caro está todo no, abuela”).

“Me llamo Negrito pero soy rubio”, explicaba con grandes risas y prometió charlar más cuando pasara y me viera.

Y así lo hizo varias veces. No se animaba a tocar el timbre, como le dije, porque sería atrevido, pero realmente me hubiera gustado que lo hiciera dado su conducta de chico bien, con padres y familia preocupados por los hijos (tenía 3 hermanitos) trabajadores, honestos, “que me enseñan y retan cuando lo merezco”.

Pero mi amiguito, hace un mes, esa tarde, estaba muy serio cuando si tocó timbre y preguntándome cómo estaba me contó su tristeza: “sabe abuela, en mi casa estabamos mal, nos llegó una factura de luz que no se puede pagar, todos los del barrio somos gente de trabajo, cumplimos con todo, los chicos debemos tomar ahora colectivos y por eso volver temprano, tratar de cuidar la ropa y calzado y no sabemos si borrarnos del video cable, cuidándonos también en la comida”.

Ya antes había preguntado por si usaba computadora y celular. Contestó: “no, pero papá y mamá estaban ahorrando para comprarnos a fin de este año, si seguiamos estudiando bien, pasábamos de grado y éramos buenas personas, como dicen siempre los abuelos!”

Pidió disculpas por contarme esas cosas tan tristes y siguió luego con las otras más alegres: “por suerte todos eran de buena salud y no tenían que gastar en remedios y médicos”. “Entre los chicos hablamos, somos todos muy amigos desde que nacimos y los padres nuestros también se reúnen, conversan y no saben que hacer, también en la escuela, con la maestra, hablamos”.

Con mucha cautela le pregunté si aceptaba algo de merienda, para el colectivo, para comprar algo que no pudo y su contestación me hizo recordar algo que aprendí en mi primaria, “la Vélez Sarsfield” de tantas queridas y excelentes maestras: sepan chicos que Uds. son los niños de hoy pero son los adultos de mañana.

Y si este chiquito es el de hoy pero el ADULTO, así con mayúscula, de mañana. “No abuela, gracias, Ud. también tiene que cuidar el dinero, seguramente le llega factura de la luz cara, su casa y su barrio es mejor y le cobrarán más, además no le hice nada para que me de algo y pedir es de mala educación, así me enseñaron, tengo que estudiar y trabajar cuando sea grande”.

Los dos teníamos un nudo en la garganta y tristeza pero yo dije: esperemos que todo se arregle y los argentinos vivamos y estemos bien. Su despedida fue: “si los funcionarios deben pensar así, ojalá, que tengamos bienestar y paguemos lo que corresponde y que nadie sufra, ni los viejos, ni los chicos, como dicen los abuelos míos”.

Duele, no?. Duele, porque ya un niño piensa y siente como un adulto y todavía le faltan años para serlo, porque por una factura de luz injusta haya problemas que si se pueden evitar en esta Argentina nuestra, grande, hermosa, rica, con habitantes que la anhelan cada día mejor, revirtiendo lo malo, asegurando y acrecentando lo bueno, con paz, justicia, educación y salud, con trabajo y patriotismo.