CORREO DE LECTORES

UN “GRANDE” NUESTRO QUE SIGUE EMOCIONÁNDONOS

Escrito por:
María Rosario Echeverría

Corría 1909. Hace ahora 109 años. Buenos Aires lo veía nacer. Y en 1984, esa misma ciudad, era testigo de su fallecimiento. Me estoy refiriendo a Héctor Gagliardi, alguien a quien siempre admiré profundamente.

En una oportunidad, dijo de sí mismo: “Nací en pleno barrio de Constitución, en Lima al 900 que es algo así como haber nacido en el corazón de Buenos Aires.

‘‘Mi nombre completo es Héctor Francisco Gagliardi. En ese barrio viví toda mi infancia. La zona sur es un poco mía, allí se atesoran casi todos mis recuerdos. Los amigos, la primera novia, la esquina con el farolito, el tranvía, en fin, todo o casi todo lo que expreso a través de mis versos.

‘‘A los veinte años, inspirado en ese ambiente, comencé a escribir mis versos. El primero que hice fue ‘Medianoche’, que después musicalizó el ‘Gordo’ Pichuco.

‘‘De esa época data mi amistad con Aníbal Troilo. Seguí escribiendo, hice los tangos ‘Claro de luna’ y ‘Vencido’. También conocí por esos días al ‘Negro’ Celedonio Esteban Flores. Me llevaba casi veinte años. Nos hicimos grandes amigos”.

Emblemático, de gran carisma, referente puntual del ciudadano de ayer, está ligado a lo cultural argentino. Y es parte de la mitología porteña. Por la época del 40 trabajó en radio y se presentó como recitador en clubes y teatros de provincias. Con su estilo popular escribió varios libros y dejó estampada su cálida y varonil voz en vibrantes grabaciones. ¿Quién no lo conoce y admira?

Su obra sigue perdurando y también estremeciéndonos. A su poesía, considerada melodramática y anecdótica, se la observa delicadamente impregnada con perfumes de glicinas y magnolias en flor entre el paso de tranvías y la presencia de callejones alumbrados con escasa luz.

Se lo apodó el “triste” para que la gente lo identificara mejor y de modo más directo ya que él recitaba el hermosísimo poema “El triste” de una forma peculiar, única, casi inimitable.

Gagliardi es autor, entre otras cosas de los libros de poemas: “Puñado de emociones”, “Esquinas de barrio”, “Por las calles del recuerdo” y “Versos de mi ciudad”.

Merece señalarse que las estampas de “la vieja”, de la maestra, del jubilado y del “pibe de barrio”, por citar algunas, lucen descriptas admirablemente en sus diversos trabajos.

Uno de sus mejores amigos fue don Alberto Vacarezza, a quien veía como “un tipo fenomenal”, lleno de anécdotas. Decía que Esteban Celedonio Flores era su ídolo y don Alberto Vacarezza, uno de sus maestros más influyentes.

En varios de sus trabajos se refiere de modo ponderable al tema de la educación y cuanto la rodea, un tema de tanta actualidad.

Referirme a Héctor Gagliardi me causa placer. Es que todo lo que se vincula a su destacadísima creación y vida artística, trae mucho gozo a mi espíritu.

Esta figura artística distinguida, queridísima y muy argentina, identificada por muchos como “el alma del arrabal” fue, sin dudas, un ser humano talentosísimo, sencillo y sobresaliente.

Como argentinos, enamorados de nuestra nacionalidad, pienso merece nuestro agradecimiento y recuerdo.