CORREO DE LECTORES

“Por cuatro días locos...” o muchos más

Escrito por:
Pablo Sánchez

‘‘Por cuatro días locos que vamos a vivir, por cuatro días locos te tenés que divertir...”, dice la conocida canción, interpretada alegremente por Alberto Castillo. Refiriéndose así a los días de carnaval (bailes, corsos). Donde se desata casi como un frenesí que busca sólo divertirse, pasarlo bien, intentando quizás olvidar todo aquello que nos preocupa, que nos provoca tristeza. Son cuatro días locos de color, música, movimiento, plumas, aplausos, admiración, agua y espuma. Reina la alegría, la primera invitada a la gran fiesta.

Todo termina, el carnaval también, ya pasó. Ahora comienza otro tiempo, otro momento, más sereno y si aquel es expresar la alegría exterior, mundana, este nuevo tiempo, es el de buscar la alegría interior. Esa que no hace tanto ruido, ni es tan colorida, ni tan elocuente, pero sin dudas más profunda. Naca en el alma y se expresa simplemente en una sonrisa, que ilumina nuestra vida.

Si vivís amargado o peor aún, si te molesta la alegría “del otro”, algo está fallando en tu mundo interior, en tu vida. Seguramente, “eso” está afectando la vida de los que te rodean, de lo que te quieren.

Cada uno de acuerdo a su temperamento preferirá una u otra forma de vivir la alegría, la que dura cuatro días locos, o aquella que viene desde “adentro” y hace renacer cada día la esperanza. Es la búsqueda sincera, humilde, serena del diálogo con Dios, sea en un templo, en la calle, en familia o en la naturaleza, disfrutando un paseo. Si lo intentamos, si hacemos algún esfuerzo para acercarnos a Él, seas de la religión que seas o aún sin ella, no tengas ninguna duda, Dios “se pondrá a tiro”, tanto que sentirás su cercanía y vivirás la experiencia más total y hermosa de una plena alegría.

El carnaval, ruidoso y divertido, te hará olvidar por un momento los problemas.

La vivencia serena del acercamiento a Dios, no te hará olvidar, ni solucionará tus problemas, pero te transmitirá una alegría interior, que te dará fuerzas para sobrellevarlos con entereza y serenidad.

La sonrisa que nace del alma seca muchas lágrimas, ilumina los corazones oscurecidos por el resentimiento o el odio y hace la vida más agradable.

Sería bueno que los gobernantes, los líderes del mundo vivieran esta experiencia, posiblemente el mundo comenzaría a cambiar y los pueblos podríamos vivir una auténtica alegría, que dure muchos más que cuatro días.

No le tengamos miedo al silencio, en él podremos encontrar las respuestas a muchas preguntas que nos hacemos. No tengamos miedo a Dios, si le abrimos nuestro corazón Él saciará nuestra sed de paz y de amor. Solo nos pide algo de nuestro tiempo.