CORREO DE LECTORES

El cuervo y el pavo real

Escrito por:
Pablo Sánchez

Leía estos días una fábula muy interesante. La de un cuervo que era feliz siendo como era él. Hasta que un día vio como un pavo real, “se pavoneaba” con su cola multicolor y hermosa. La envidia se apoderó del pobre cuervo, que de inmediato ideó una forma para tener esa deslumbrante y lujosa cola. Iría tras ellos, y recogería cada pluma que perdieran. Así pasó mucho tiempo, hasta que juntó algunas plumas, intentaba colocárselas cuando viendo un viejo sabio cuervo sus inútiles esfuerzos le dijo: no se trata de ser como ellos, sino de ser tu mismo, sólo así será feliz.

Varias enseñanzas podemos sacar de esta historia:

Como decía el viejo cuervo, debemos ser nosotros mismos, con nuestras limitaciones, pero descubriendo y valorado nuestras capacidades. En definitiva ser uno mismo. Una cuestión de identidad. . .

El hecho de que el cuervo juntara las plumas viejas que se le caían a los pavos reales, da una imagen muy triste, soñaba con un imposible, quizás sea por eso que daba una imagen triste, amarga, tanto que hasta se piensa que es un pájaro de mal agüero. No seamos como este animalito, soñemos lo que es posible, soñemos que un mundo más justo y humano es posible.

No envidiemos “las plumas de los demás”, a cada uno de nosotros Dios nos regaló talentos y valores hermosos, solo es cuestión de usarlos, de “sacarlos a relucir”.

Ante la vanidad y despliegue de lujo que hacían los pavos, no se dan cuenta que a pesar de todo el cuervo sigue siendo cuervo y los pavos “reales”, siguen siendo, pavos.

No se trata de que unos envidien a otros, de que algunos se pavoneen, haciendo gala de lo que tienen en demasía. Se trata de que los unos y los otros compartan sus talentos, sus capacidades, sus bienes.

Alguien dijo que el pavo, encuentra sus limitaciones en su gran plumaje; solo puede volar tramos cortos, la cola que los enorgullece, estorbaría sus posibilidades de volar libremente. El cuervo puede ir más lejos.

Si nosotros uniéramos nuestros “vuelos”, descubriríamos que el mundo es grande y hermoso, donde todos podríamos vivir felices, si solo desterráramos del corazón la envidia y el egoísmo.

Que Dios nos ilumine para que aprendamos que, con las alas del alma desplegadas al viento, podríamos ir juntos mucho más lejos.