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CORREO DE LECTORES

DIA DEL ENFERMO

Escrito por:
María Rosario Echeverría

La conocida “Plegaria de un enfermo” nos dice:

“Envíame a alguien, Señor,

que tenga tiempo para estar conmigo,

que venga a verme,

que me regale su presencia

y rompa tiernamente

el pesado silencio de mis días”

Agrego yo ¡qué profundo contenido! ¡Y hasta no tan difícil de hacer realidad!. Creo también que muchas veces nos complicamos sin sentido el diario vivir.

Perdemos la noción de lo que es verdaderamente valioso. Una recopilación del genial Nanosky ya lo expresa: “La fortuna de los ricos, la gloria de los héroes, la majestad de los reyes, todo acaba en un: “Aquí yace...”

El desmedido afán por lo material que hoy se advierte “nos juega en contra”. Y mucho. Hasta podemos terminar enfermando tras quimeras sin mayor peso.

Una lindísima publicación que he leído, hablando con minuciosidad sobre el “Ranking de los miedos”, los enumera así: 1- a la vejez, 2- a la muerte, 3- a la pobreza, 4- a la obesidad, 5- a los robos, 6- al sida, 7- a no ser querido. Salvando la distancia entre el momento de aquella publicació y el actual, puede ser que algunos de estos ítems están cambiados de lugar o reemplazados por otros someramente, pero lo cierto es que en líneas generales continúan existiendo y van, despacito, carcomiendo nuestro humano espíritu.

Pena grande me da porque nos alejan de la alegría de disfrutar del Don Supremo, el de la vida. Y hasta me permito ir más lejos y pensar que todos o casi todos hoy somos “enfermos”.

No solo la salud física es importante. Con un tanto de torpeza la vemos casi como excluyente, única. Nos olvidamos que la soledad, el egoísmo, la envidia, la falta de respeto y consideración hacia el prójimo y muchos detalles negativos más nos convierten en “esclavos” de vivir equivocadamente que nos atormenta y nos entristece... nos tienen “enfermos” espiritualmente.

Una amiga mía, mujer finísima y culta que valoro muchísimo porque de ella se aprende mucho siempre, sostiene: “Celebrar la vida es aceptar el Plan de Dios y abrazarlo con amor”. ¡Cuanta grandeza de alma hace falta para cumplirlo ¡Pero vale la pena. Es hermoso.

Hay quienes se ayudan refugiándose en la lectura para mitigar dolores. Conozco una persona que tiene ahora como hobby “recolectar” dichos populares. La ponen feliz a pesar de su abrumadora situación en cuanto a su pobre salud física.

De este modo, por ejemplo, leí en su “cuadernillo de apuntes” lo que sigue: “Más zonzo que una hamburguesa de plastilina”, “Negro y feo como bull-dog de barro”, “Más desconfiado que flamante mago”, “Más desorientado que pirata en Bolivia”, “Tiene más pinchaduras que dedo de costurera”, “Brilla más que placa de médico nuevo”. Esto para ella es sólo una sencilla y casi diaria “muletilla” de la que se aferra para conservar la alegría, una inteligente manera de mantenerse fiel al goce de la vida, algo que la tonifica en su sufrimiento físico de cada día. Es admirable.

Pienso que de modo especial el próximo domingo 12 del corriente, a nuestro modo y en la medida de nuestras posibilidades, debemos procurar ser útiles a quienes están atravesando una dura realidad de salud, física o espiritual. Seguramente también a nosotros nos va a gustar que, cuando lo necesitemos, alguien, nuestro prójimo, “nos extienda esa amiga y valiosa mano”.

No dudo que, aún sin que nos hayamos propuesto recibir nada a cambio, nos veremos muy recompensados. Y acariciaremos felicidad.

Además, no caben dudas de que dar hace más feliz que recibir.