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EL CIRCO

Escrito por:
María Rosario Echeverría

Entre las numerosas diversiones en que la humanidad ha buscado olvidar sus preocupaciones, el circo, con su colorido e inmensas carpas y su registro de emociones que van desde el humor y lirismo de los payasos al riesgo de domadores y trapecistas, constituye, sin dudas, una especial fuente de fascinación.

El mundo del circo ha suscitado toda una mitología literaria y especialmente cinematográfica.

Los orígenes del espectáculo circense se remontan a la Roma clásica, aunque algunos historiadores ven ya un precedente en los hipódromos griegos. Fue Tarquino el Viejo, quinto rey etrusco de Roma, quien decidió dar a los festejos populares un marco propio, para lo que mandó construir el más antiguo de los circos romanos. Siglos después, en época de Julio César, se erigió el célebre Circo Máximo.

Este tipo de edificaciones, por lo general de forma ovalada, fue apareciendo con el tiempo en la mayoría de los núcleos urbanos importantes y se utilizó fundamentalmente para celebrar carreras de carros. Un tipo de espectáculo más cercano al circo moderno -aunque de mucha mayor crueldad- tenía lugar en los anfiteatros. Estos eran el marco usual de los “ludi” o juegos, que con frecuencia incluían combates entre gladiadores o luchas con animales.

Durante las épocas medieval y renacentista, las representaciones circenses aparecieron asociadas a las ferias comerciales de los pueblos o a las fiestas de la realeza en las que era frecuente la presencia de saltimbanquis, juglares y bailarines. Fue necesario esperar hasta el siglo XVIII para que en caballista británica llamado Philip Astley, sentara las bases de lo que fue luego el circo moderno. Construyó Astley una pista circular, techada y rodeada de gradas, en la que realizaba diversos números ecuestres junto con otros jinetes. Posteriormente añadió al espectáculo actuaciones habituales en las ferias populares, como las de acróbatas y payasos.

A los cuatro años de haber inaugurado su circo, Astley realizó una gira por Francia y fue tal su éxito que decidió abrir un nuevo establecimiento en París. En esta ciudad se unió al veneciano Antonio Franconi, quien, junto con sus dos hijos, fundó la primera dinastía circense francesa y fijó las dimensiones del diámetro de la pista en 13 metros, que es la más usual.

Ya en estos años comenzaron a distinguirse dos tipos de espectáculos circenses. Por un lado estaban las compañías viajeras, que llevaban por diversas ciudades su espectáculo. Este se celebraba en recintos desmontables y protegidos de la intemperie por carpas, grandes lonas decoradas en vivos colores.

En el transcurso del siglo XIX el circo adquirió progresivamente su fisonomía moderna, con la introducción de números realizados con animales, algunos de ellos amaestrados y otros en estado salvaje. Aparecieron también trapecistas y equilibristas y los payasos (clowns) adquirieron cada vez mayor importancia.

El gran impulsor del espectáculo circense en el continente americano fue Phineas Taylor Barnum que, al asociarse con James Anthony Bailey, creó en 1871 el circo que llevó sus nombres, famoso por su espectacularidad y sus tres pistas circulares, bajo una misma carpa. Por aquellos años surgió en los Estados Unidos de Norteamérica una nueva y poderosa dinastía circense, la de los hermanos Ringling. Estos se dedicaron a absorber todos los circos importantes del continente, empeño que culminó en 1906, con la adquisición del de Barnum y Bailey. Otra gran figura del circo estadounidense fue el mítico William Frederick Cody, conocido como Búfallo Bill, que introdujo en el espectáculo el mundo del oeste norteamericano, con sus luchas entre indios y blancos e incluso sus asaltos a diligencias. El circo se difundió durante los siglos XIX y XX por todo el mundo y en algunos lugares, como Moscú o Pekín, se desarrolló hasta convertirse en un auténtico arte. En la actualidad conserva gran parte de su tradición. Aunque las compañías se siguen trasladando de ciudad en ciudad y de país en país, es frecuente que permanezcan largas temporadas en los centros urbanos más poblados. El ambiente, a un tiempo festivo y mágico de las pistas circenses, ha hecho que, pese a la aparición de nuevas formas de entretenimiento como el cine o la televisión, el circo continúe siendo uno de los espectáculos más populares, por no decir, como el propio cine lo llamó, “el mayor espectáculo del mundo”. ¡Qué bueno recordar a los muchos que han pasado por Concordia!.