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¿Cuándo los fieles marchan?

Escrito por:
María Rosario Echeverría

En nuestro país, cada conmemoración religiosa, raramente marcada en rojo en el calendario representa una convocatoria especial para miles de seres humanos que ejercen su fe.

Las peregrinaciones, recordando el aniversario de un santo o una virgen, se vuelven verdaderas pruebas de fe. Desde San Cayetano, que intermedia como ministro de trabajo divino, a la Virgen de Luján, cuya fe se ha convertido en un legado que se trasmite de generación en generación, convirtiendo a la ciudad en un verdadero centro de peregrinación para fieles de todo el país.

En Salta, el Santo Cristo Crucificado y Nuestra Señora del Milagro convoca en septiembre a todos aquellos que ruegan por salud ya que de tan milagrosos han podido atenuar los efectos de un terremoto. Y en San Nicolás, en la provincia de Buenos Aires, la Virgen del Rosario convoca a miles de fieles de igual forma que lo hace la Virgen de Itatí en Corrientes.

Y como la devoción popular no discrimina, sin formar parte del santoral, figuras míticas ocupan un lugar de privilegio en el altar de los argentinos, como es el caso del Gauchito Gil, nacido en Corrientes, cuyo verdadero nombre era Antonio Mamerto Gil Núñez, de quien se sabe poco con certeza. Sin embargo en las rutas argentinas podemos apreciar cientos de altares embanderados de rojo, color del partido autonomista, al cual perteneció.

Incluso, por el sincretismo religioso propio de la colonización americana, actualmente se venera a San La Muerte, una antigua entidad guaranítica fundida con la imagen medieval del Señor de la Paciencia, que ha sido rescatada para convertirse en el protector de las personas de avería o para invocarlo a fin de realizar un daño.

Debido a su origen pagano, la Iglesia no reconoce ni su culto ni permite la bendición de su imagen o estatuillas.

Ya en la zona de Cuyo, de tierras áridas encontramos a la Difunta Correa, figura mítica y milagrosa y que tampoco ha sido reconocida por la Iglesia Católica, a pesar de la importante cantidad de milagros que se le atribuyen.

Su primitivo santuario, una cruz de madera sobre un cerro en Vallecito, provincia de San Juan, se ha convertido en un importante centro de peregrinación, que cuenta actualmente con diecisiete pequeñas capillas, repletas de ofrendas en agradecimiento.

Y en la Patagonia nos encontramos con Ceferino Namuncurá, quien nacido como hijo de un cacique mapuche, se formó en la religión católica junto a los salesianos. Enfermo de tuberculosis falleció a temprana edad. Se le atribuyen una serie de milagros, por lo que el Papa Benedicto en el año 2007, lo declaró «beato».

Su fama se extendió fundamentalemnte a mediados del siglo XX, alcanzando la devoción de su imagen a todo el país. No sólo es Ceferino Namuncurá el primer argentino en ser beatificado, sino, además, el primero de origen indígena.

Independientemente del origen pagano, la devoción y las manifestaciones de fe que provocan estas figuras míticas, tan arraigadas a la cultura popular, conviven con las que son propias del santoral católico y dejan en evidencia la necesidad de creer, especialmente cuando la ciencia nos defrauda o nos encontramos afligidos espiritualmente.

Cada mal o cada problema puede resolverse a través de un santo o de una virgen: para aquellas que buscan novio o aquellos a los que se les ha extraviado algo valioso, lo tenemos a San Antonio, para los que necesitan resolver cuestiones urgentes, invocamos a San Expedito, para preservar la salud a San Cosme y San Damián, patronos de los médicos y los farmacéuticos, para ayudar al matrimonio, nada mejor que recurrir a la virgen Desatanudos que, además, podrá bendecirnos con la llegada de un hijo y si la vista nos está fallando, recurramos a Santa Lucía, e incluso cuando cuestiones cotidianas como cruzarse con un perro bravo, puede resolverse con una invocación a San Roque.

Porque la fe mueve montañas, tenemos a estos divinos intercesores, quienes le hablarán a Dios de nosotros y de nuestras cuitas, para que nos ayude, para que nos proteja, para que nos bendiga.

Y así como el consumismo y el egoísmo se han apoderado de la humanidad, la devoción, la fe y el agradecimiento nos ayudan a equilibrar esa delicada balanza entre los bienes espirituales y los materiales. Las manifestaciones y las peregrinaciones nos recuerdan cuán cerca podemos estar de nuestros santos protectores, esos capaces de susurrarle a Dios al oído.