Ingresar  |  Registrarse
CONCORDIA, Entre Ríos   Miercoles, 22 Febrero 2012 23:54
ArchivosEdición Impresa • Notas CiudadanasSociales
 
  NOTAS CIUDADANAS
 
21-02-2012

 
VOCACIONES

Los padres nos ocupamos celosamente de dar una carrera a nuestros hijos para que puedan defenderse en la vida. Recibirse constituía algo especial y así lo celebrábamos.
Con la evolución de las tecnologías y de la amplitud de la perspectiva de estudios, todo fue cambiando. Pero yo creo que si bien sentía, con gran fuerza, la vocación docente y así trabajé toda mi vida, comprendí que tenía mil y otros caminos que podría emprender. Que estaba en mí. Y así lo hice... intenté lo mismo con mis hijas y cada una guió su camino, tal vez como habían elegido.
***

Veo que muchas veces los profesores terminan de empleados de banco y los contadores de guías de turismo y se sienten en ellas perfectamente felices, como si el encontrar esas rutas les hubiera permitido dibujar nuevos sueños, pero parece que no todos, los de afuera, me refiero no los ven triunfadores al no desempeñarse en la profesión de su título.
Leo a Blanca Cotta, que con el título de profesora se ha hecho famosa como cocinera - periodista ¿Quién no la sigue interesada con sus refranes con los que culmina cada receta de las ricas tortas y comidas que imagina, siempre con alegría , un espíritu y humor que la distinguen?.
Indudablemente hay cosas mucho más importantes, a veces que ostentar título y lograr status. Lograr formar una familia, luchar, sin tregua por ella con el trabajo que se pueda, sin bajar nunca la guardia, son cosas que enseña la vida y no las carreras que a veces se siguen.
Conozco muchísimas mujeres y hombres que me han contado como se han diversificado sus entusiasmos. Han sido jóvenes profesionales que frente a una crisis, lejos de emigrar en buscar nuevos y fabulosos horizontes luchan acá, sin escatimar esfuerzos con tal de no abandonar sus afectos. Como esa joven arquitecta que hace muñecos de paño o la abogada que pinta con éxito batik, o la contadora que realiza exposiciones con cuadros naïf, o el matrimonio que se han puesto de remiseros. Lo importante es que ninguno de ellos por torcer su destino quebró sus sueños, porque «el horizonte está en los ojos y no en la realidad»
Yo me considero una persona afortunada. Trabajé de maestra con real vocación docente. Trabajo de periodista, diría que podría estar horas sin disgusto en algo que me apasiona. Lo ejercité aún en medio de otro trabajo y llegado el momento el «llamado se impuso». Porque etimológicamente vocación significa «llamado» y lo empezamos a escuchar desde edades muy tempranas. Verdad es que a los padres no nos gusta el «llamado» que reciben nuestros hijos e intentamos elegirles la orientación de los estudios o el oficio que los acompañará toda la vida. Una de las preguntas que solemos hacer a los pequeñitos, la gente mayor, es ¿qué vas hacer cuando seas grande?. Esa pregunta toma relevancia en la pubertad al tener que optar por una determinada enseñanza secundaria y en plena adolescencia, cuando la elección derivará en un profesional competente o en un estudiante frustrado.
Para ello existen ahora los centros nacionales de Orientación Vocacional. En mi libreta agendo uno cuya dirección, es, en Buenos Aires, en Paraguay 1657, 1er. piso, donde el estudiante puede tener asesoramiento docente sobre las carreras y estudios de su predilección.
***
 
Pero sé que en el momento de tomar una decisión para elegir una carrera, se siente, soledad o desconcierto, o se vive una crisis juvenil. Tal vez, no sea para tanto, de cualquier manera la familia debe estar cerca del joven. Las cosas pasan, porque a veces uno tiene vocación para ciertas cosas, supone que la tiene, tiene interés, tiene gustos y la elección no está de acuerdo con esa vocación.
Ser parte de lo que desean otros (llámase familia), para uno. Cuando siendo adolescentes nos preguntamos qué hacer, indudablemente también nos estamos preguntando «quiénes somos», «qué queremos ser».
En aquel tiempo no conocía yo la belleza de la cancion: «Caminante, no hay camino, se hace camino al andar». Porque al fin y al cabo eso es lo que he hecho.
Si me hubiese dejado llevar por lo que sentía, si hubiera tenido la posibilidad, si... creo que hubiera sido bailarina. Y no lo fui pero igual he hecho el camino que me gusta, porque la confianza en uno mismo es el primer secreto del éxito de nuestras vidas.
Hace poco sentí que le hacían la pregunta a un chico de 6 años, la consabida pregunta de qué quería ser cuando fuera grande.
Insólitamente contestó, no como los de antes, «maquinista de tren, o bombero, sino que sería cocinero». Hubo carcajadas, un descarte total de esa vocación y ninguna orientación para su futuro.
Sin embargo actualmente los cocineros son personas jóvenes que invaden hasta las revistas de modas y que tienen sus comidas especializadas con su nombre, donde figuran con todos lo que los distinguen. A los que se destacan naturalmente, porque como en todas las carreras hay de todo.
Creo que debería tenerse en cuenta el deseo del pequeño. En Buenos Aires hay una escuela especial para «petit chefs». Un grupo de chicos entre 3 y 13 años se inician en los secretos de la cocina dirigidos por dos especialistas. Los encuentros son en una gran casona, donde los futuros chefs, se entrenan en la preparación de «recetas fáciles y ricas».
La cocina, es para ellos un sabroso universo que deja amplias franjas para la creatividad. Las creadoras de esta primera escuela de «petit chef», consideran que a través de este método es fácil liberar la imaginación de los chicos a partir de los elementos cotidianos. Todo parece un divertido juego, pero se cumplen los objetivos. Los chicos preparan las recetas pero no tienen acceso al fuego, salvo raras ex cepciones (12 años).
El establecimiento los provee de la indumentaria, elementos, no cortantes, utensilios pequeños y lozanos y cada receta es perfectamente explicada.
Y se divierten. Y trabajan. Y el de 12 años corta champignones y cebollitas de verdeo, porque quiere llegar a ser el chef principal del mejor restaurante del país «para después tener el mio». Una vocación y una decisión temprana. No todos los planteos son razonados, porque otros solo quieren saber cocinar. No sabemos si llegarán a ser cocineros. He aquí una escuela que podría hacerse en cualquier ciudad.
Hasta otro día
MINGUET